A nivel mundial
Estudiantes de La Plata fue el primer equipo del fútbol mundial en participar en tres ediciones consecutivas de la Copa Intercontinental, consagrándose campeón en la primera de ellas, en 1968 y ante el Manchester United de Inglaterra, siendo el primer club argentino en lograr este trofeo en condición de visitante.
Además de ser el primer equipo de la historia que logró ganar tres ediciones consecutivas de la Copa Libertadores de América, y el único que la obtuvo dos veces en forma invicta, con la obtención de la 50.ª edición de esta competición en 2009 es el 4.º equipo con más Libertadores en sus vitrinas (tercer equipo mejor posicionado del fútbol argentino) después de Independiente, Boca Juniors y Peñarol de Uruguay.
A su vez, es el club argentino de mayor efectividad en la historia de esta competencia entre aquellos que disputaron más de dos ediciones; y el de mejor promedio de puntos en condición de local, con un récord, hasta 2010, de 39 victorias, 7 empates y sólo dos derrotas, ante Barcelona de Ecuador y Olimpia de Paraguay, en 1971 y 1984. Y ocupa el 4.º lugar, entre los equipos argentinos, en la clasificación histórica de clubes que anualmente realiza la Confederación Sudamericana de Fútbol, con 490 puntos.
Por su parte, en 2010, tras disputar la final de la Recopa Sudamericana y consagrarse campeón del Torneo Apertura, Estudiantes se ubicó en el 5.º puesto de la clasificación de equipos de fútbol a nivel mundial, y por tercera temporada consecutiva entre los diez primeros, según la tabla anual de clubes que realiza la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS): es la segunda mejor posición alcanzada por un equipo argentino desde la creación de ésta en 1991, detrás de Boca Juniors y junto a River Plate.
Su mejor ubicación histórica en esta clasificación la alcanzó en abril y mayo de 2010, luego de ser designado como el 2.do mejor equipo del fútbol mundial tras el F. C. Barcelona; y se ubicó como el más destacado del mundo en la clasificación mensual de julio, obteniendo por primera vez el reconocimiento de «Club del Mes», mención que, entre equipos argentinos, además de Estudiantes, sólo lograron Boca Juniors y River Plate.
La tabla se elabora todas las temporadas y, para su confección, se tienen en cuenta los resultados oficiales de las ligas nacionales y las competiciones internacionales de las seis confederaciones continentales asociadas a la FIFA. La misma entidad también desarrolla una clasificación histórica, sólo en base a los resultados obtenidos desde la instauración de esta clasificación en 1991, en la cual Estudiantes se posiciona como el 5.º equipo mejor ubicado de Argentina y 74.º del mundo; y un ranking mundial de clubes del siglo XXI, en el que, al final de la primera década, en el período 2001-2010, se ubica como el 4.º mejor equipo de Argentina y 50.º del mundo.
A nivel nacional
El club comparte con Newell's Old Boys el 7.º lugar en la tabla de clubes campeones de Primera División, con 5 títulos nacionales, y se encuentra en el 3.er puesto de la clasificación de equipos argentinos que más títulos internacionales oficiales (6) obtuvieron a lo largo de la historia, siendo junto a Independiente, contabilizando los clubes que al menos ganaron un torneo de Primera División en el profesionalismo, los únicos dos del fútbol local que poseen mayor cantidad de lauros internacionales que nacionales.
Se ubica, a su vez, en el 7.º lugar de la clasificación histórica del fútbol argentino, que comprende los puntajes obtenidos por todos los equipos que alguna vez participaron en los campeonatos oficiales de Primera División de AFA; y en el 4.º lugar, también entre clubes nacionales, en la tabla acumulada de puntos logrados en la Copa Libertadores de América.
En cuanto a las participaciones de equipos argentinos en competencias internacionales, las organizadas por la CSF y la FIFA, el club se posiciona en el 4.º puesto de la clasificación, con 32 copas disputadas desde 1968, sólo superado por Boca Juniors, River Plate e Independiente.
Luego de los llamados cinco grandes y Vélez Sarsfield, Estudiantes es el equipo argentino que más títulos oficiales de carácter nacional e internacional obtuvo (11), comprendiendo, a los efectos, los torneos oficiales de Primera División organizados en el profesionalismo por la AFA, la CSF y la FIFA.
Con la consagración en la Copa Libertadores 2009, pasó a ser además el segundo equipo de la historia del fútbol argentino en disputar un Mundial de Clubes de la FIFA, torneo en el que accedió a la final y perdió ante el F. C. Barcelona, en tiempo suplementario, tras igualar 1-1 en los 90 minutos reglamentarios.
Fuente: Wikipedia
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jueves, 17 de febrero de 2011
Hinchada
Estudiantes posee alrededor de 40.000 socios, ubicándose como uno de los clubes nacionales con mayor cantidad, y más de 50 peñas, ya sean filiales o asociaciones, en varias ciudades de Argentina y del mundo, como las de Ushuaia, Salta, San Salvador de Jujuy, Búzios, en Brasil, o la Agrupación Enrique Guaita, de Anghiari, Italia. Una de ellas, la de la ciudad de Neuquén, funciona sobre la calle Estudiantes de La Plata, luego de que sus miembros impulsaran ante la municipalidad y el Concejo Deliberante local el cambio de nombre de la arteria.
Como en la mayoría de los clubes populares del fútbol argentino, Estudiantes cuenta en su hinchada con la presencia de «barrabravas». El 3 de marzo de 2010, en la estación de ferrocarril de La Plata, un policía federal murió de un disparo en la cabeza efectuado por un simpatizante del club, durante enfrentamientos entre dos grupos de hinchas que luchan por hacerse con el control de la llamada «barra»; además fueron heridas otras dos personas. Desde junio de 2009 se produjeron diversos enfrentamientos por el mismo motivo.
Encuestas a nivel nacional
Según varios estudios de investigación social vinculados con el fútbol, la hinchada de Estudiantes es una de las más significativas de Argentina. Dos recientes encuestas de la Consultora Equis, realizadas en marzo de 2006 y octubre de 2009, lo ubican como el 7.º equipo del fútbol argentino con mayor cantidad de hinchas en todo el país, apenas superado por Rosario Central y los denominados cinco grandes, en ese orden.
Los trabajos, realizados a lo largo de tres años y con un margen de error del 1% según el propio director de la consultora, Artemio López, revelan además que Estudiantes es el 5.º club que más simpatizantes tiene en la región central (se tomaron en cuenta para el sondeo las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos), por encima de Racing Club y San Lorenzo, dos de los llamados equipos grandes, y sólo por debajo de Boca Juniors, River Plate, Independiente y Rosario Central. Incluso, es el club de los no denominados cinco grandes que más hinchas tiene en la región patagónica.
La misma consultora elaboró un estudio similar en 2003, que coincide con la investigación de 2009, donde constató que en La Plata, como ocurre en otras ciudades como Santa Fe, Rosario o San Miguel de Tucumán, son predominantes los simpatizantes de los clubes locales, en este caso Estudiantes y Gimnasia, relegando a los hinchas de los dos clubes nacionales más populares, Boca Juniors y River Plate. Sólo un trabajo, el de la Secretaría de Medios de la Nación, de 2006, ubica a Boca Juniors en el segundo lugar, por detrás de Gimnasia y Esgrima, quedando Estudiantes en tercer lugar, aunque con menos de un punto de diferencia entre los tres.
Otros sondeos de iguales características a nivel nacional, sin embargo, como el realizado por la consultora Entrepreneur para la revista El Gráfico en 1998, revela que Estudiantes es el equipo más popular de La Plata, superando por 18 puntos a su tradicional rival.
En ese sentido también se expresa una encuesta nacional del Diario Clarín, realizada en 2009 para el concurso «El Gran DT», sobre una base de datos de más de 2.000.000 de personas, que posiciona a Estudiantes como el 7.º club del fútbol argentino con mayor cantidad de simpatizantes, en coincidencia con el trabajo de la Consultora Equis, y con ventaja en la ciudad de La Plata sobre Gimnasia.
Estudiantes y el debate del «sexto grande»
Diferentes estudios, encuestas y sondeos ubican a Estudiantes de La Plata como uno de los cinco clubes nacionales (los otros son Vélez Sarsfield, Newell's Old Boys, Rosario Central y Huracán) que «reclaman» ser reconocidos como «el sexto grande» del fútbol argentino.
Aunque no existe un consenso homogéneo sobre cuáles deberían ser las variables de análisis para establecer si un equipo puede ser o no considerado «grande», los que se han mencionado como relevantes son: la cantidad de torneos nacionales e internacionales obtenidos en la historia del profesionalismo, el número de socios, la permanencia en Primera División o la cantidad de entradas vendidas.
Entre los cinco clubes, Estudiantes es el de mayor cantidad de temporadas en la máxima categoría del fútbol argentino (79), el equipo con más títulos a nivel continental (6) y, después de Vélez Sarsfield, el que más campeonatos oficiales nacionales e internacionales acumula en la era profesional (11).
En cuanto a la concurrencia de los simpatizantes, desde el comienzo de los llamados «torneos cortos», en 1991, y hasta 2004, se ubica como el 8.º club en cantidad de entradas vendidas luego de los llamados cinco grandes, Vélez Sarsfield y Rosario Central. Esto último sucede también con el total de localidades expendidas entre el inicio del profesionalismo y 1999, o en la anteúltima temporada oficial, la 2008/09, cuando Estudiantes disputó simultáneamente la Copa Sudamericana y la Copa Libertadores de América. Estos cómputos, igualmente, son parciales, al no contemplarse como «entrada o ticket de venta» el acceso de los socios de la institución a los partidos disputados en condición de local.
Históricamente, por su clásica rivalidad con San Lorenzo (uno de los denominados cinco grandes), algunos estudios e investigaciones ubicaron a Huracán como el sexto en discordia, como uno realizado por el Diario Olé entre 2001 y 2002, aunque dicha encuesta sólo se efectuó entre aquellos lectores que voluntariamente quisieron enviar su respuesta.
Fuente: Wikipeida
Como en la mayoría de los clubes populares del fútbol argentino, Estudiantes cuenta en su hinchada con la presencia de «barrabravas». El 3 de marzo de 2010, en la estación de ferrocarril de La Plata, un policía federal murió de un disparo en la cabeza efectuado por un simpatizante del club, durante enfrentamientos entre dos grupos de hinchas que luchan por hacerse con el control de la llamada «barra»; además fueron heridas otras dos personas. Desde junio de 2009 se produjeron diversos enfrentamientos por el mismo motivo.
Encuestas a nivel nacional
Según varios estudios de investigación social vinculados con el fútbol, la hinchada de Estudiantes es una de las más significativas de Argentina. Dos recientes encuestas de la Consultora Equis, realizadas en marzo de 2006 y octubre de 2009, lo ubican como el 7.º equipo del fútbol argentino con mayor cantidad de hinchas en todo el país, apenas superado por Rosario Central y los denominados cinco grandes, en ese orden.
Los trabajos, realizados a lo largo de tres años y con un margen de error del 1% según el propio director de la consultora, Artemio López, revelan además que Estudiantes es el 5.º club que más simpatizantes tiene en la región central (se tomaron en cuenta para el sondeo las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos), por encima de Racing Club y San Lorenzo, dos de los llamados equipos grandes, y sólo por debajo de Boca Juniors, River Plate, Independiente y Rosario Central. Incluso, es el club de los no denominados cinco grandes que más hinchas tiene en la región patagónica.
La misma consultora elaboró un estudio similar en 2003, que coincide con la investigación de 2009, donde constató que en La Plata, como ocurre en otras ciudades como Santa Fe, Rosario o San Miguel de Tucumán, son predominantes los simpatizantes de los clubes locales, en este caso Estudiantes y Gimnasia, relegando a los hinchas de los dos clubes nacionales más populares, Boca Juniors y River Plate. Sólo un trabajo, el de la Secretaría de Medios de la Nación, de 2006, ubica a Boca Juniors en el segundo lugar, por detrás de Gimnasia y Esgrima, quedando Estudiantes en tercer lugar, aunque con menos de un punto de diferencia entre los tres.
Otros sondeos de iguales características a nivel nacional, sin embargo, como el realizado por la consultora Entrepreneur para la revista El Gráfico en 1998, revela que Estudiantes es el equipo más popular de La Plata, superando por 18 puntos a su tradicional rival.
En ese sentido también se expresa una encuesta nacional del Diario Clarín, realizada en 2009 para el concurso «El Gran DT», sobre una base de datos de más de 2.000.000 de personas, que posiciona a Estudiantes como el 7.º club del fútbol argentino con mayor cantidad de simpatizantes, en coincidencia con el trabajo de la Consultora Equis, y con ventaja en la ciudad de La Plata sobre Gimnasia.
Estudiantes y el debate del «sexto grande»
Diferentes estudios, encuestas y sondeos ubican a Estudiantes de La Plata como uno de los cinco clubes nacionales (los otros son Vélez Sarsfield, Newell's Old Boys, Rosario Central y Huracán) que «reclaman» ser reconocidos como «el sexto grande» del fútbol argentino.
Aunque no existe un consenso homogéneo sobre cuáles deberían ser las variables de análisis para establecer si un equipo puede ser o no considerado «grande», los que se han mencionado como relevantes son: la cantidad de torneos nacionales e internacionales obtenidos en la historia del profesionalismo, el número de socios, la permanencia en Primera División o la cantidad de entradas vendidas.
Entre los cinco clubes, Estudiantes es el de mayor cantidad de temporadas en la máxima categoría del fútbol argentino (79), el equipo con más títulos a nivel continental (6) y, después de Vélez Sarsfield, el que más campeonatos oficiales nacionales e internacionales acumula en la era profesional (11).
En cuanto a la concurrencia de los simpatizantes, desde el comienzo de los llamados «torneos cortos», en 1991, y hasta 2004, se ubica como el 8.º club en cantidad de entradas vendidas luego de los llamados cinco grandes, Vélez Sarsfield y Rosario Central. Esto último sucede también con el total de localidades expendidas entre el inicio del profesionalismo y 1999, o en la anteúltima temporada oficial, la 2008/09, cuando Estudiantes disputó simultáneamente la Copa Sudamericana y la Copa Libertadores de América. Estos cómputos, igualmente, son parciales, al no contemplarse como «entrada o ticket de venta» el acceso de los socios de la institución a los partidos disputados en condición de local.
Históricamente, por su clásica rivalidad con San Lorenzo (uno de los denominados cinco grandes), algunos estudios e investigaciones ubicaron a Huracán como el sexto en discordia, como uno realizado por el Diario Olé entre 2001 y 2002, aunque dicha encuesta sólo se efectuó entre aquellos lectores que voluntariamente quisieron enviar su respuesta.
Fuente: Wikipeida
Presidentes
Desde su fundación en 1905, cuando un grupo de estudiantes universitarios pensaron en crear un nuevo club en La Plata para poder practicar fútbol, y hasta 2010, han sido 32 los presidentes encargados de ejercer el máximo cargo dirigencial de la institución.
El primero fue el coronel Miguel Gutiérrez, quien antes, curiosamente, también había formado parte durante dos periodos de la directiva del club Gimnasia, tradicional rival de Estudiantes en la ciudad de La Plata.
Mariano Mangano fue quien más años consecutivos ocupó el cargo de presidente del club (Ignacio Ercoli lo presidió doce temporadas, pero en dos etapas diferentes), entre 1960 y 1970. Bajo su mandato la institución logró los títulos más importantes de su historia: la Copa Intercontinental; el tricampeonato 1968-69-70 de la Copa Libertadores de América; la Copa Interamericana; y su primer torneo nacional oficial, el Metropolitano 1967. Además fue el artífice de la construcción del Country Club de City Bell, el predio deportivo que el club posee desde la década de 1960 en las afueras de La Plata.
En 1971, tras la presidencia de Mangano y del período futbolístico e institucional más destacado del club, Estudiantes logró la cifra récord de 75.326 socios, la mayor de su historia.
El actual presidente del club es Rubén Filipas, quien se impuso sobre Julio Alegre en las elecciones de septiembre de 2008, con el 57% de los votos. Desde su asunción, Estudiantes ha logrado nuevamente destacadas participaciones futbolísticas a nivel internacional, consagrándose por cuarta vez en su historia campeón de la Copa Libertadores de América, tras 39 años de su anterior título, y finalista de la Copa Sudamericana 2008 y la Copa Mundial de Clubes 2009. También obtuvo el Torneo Apertura 2010, el quinto título oficial de la institución en Primera División.
Historia
Era un denominador común en los clubes de principios de siglo XX, que tanto el Presidente como otros miembros de la Comisión Directiva fueran, simultáneamente o no, integrantes del equipo de fútbol. En Estudiantes de La Plata, por caso, Jorge Luis Hirschi, quien fue delantero del plantel que logró el ascenso a la máxima categoría, en 1911, y el primer título oficial de la institución (amateur) en 1913, ejerció la presidencia entre 1927 y 1932.
Ya en la era profesional, en la década de 1940 y bajo la presidencia de Pedro Osácar, el club obtuvo sus primeras copas nacionales, la Copa Escobar y la Copa de la República. También se terminó de edificar la actual Sede Social, inaugurada en 1946.
Durante el segundo mandato de Juan Domingo Perón como Presidente de la Nación, en 1952, la Comisión Directiva que encabezaba el ingeniero César Ferri fue intervenida por problemas extradeportivos originados por disidencias políticas con el Poder Ejecutivo. El club fue acusado de «boicot» contra la «doctrina justicialista» por mantener ocultos en la sede y no repartir entre sus asociados cerca de dos mil ejemplares de un libro de lectura obligatoria en las escuelas de enseñanza media, «La razón de mi vida», autobiografía de quien en ese momento era la Primera Dama, Eva Duarte de Perón.
La «Comisión Interventora» oficialista, conformada por representantes del Ejecutivo provincial al mando Mario Sbuscio, gobernó el club hasta junio de 1953, cuando los socios de Estudiantes designaron a Raúl Betelú como nuevo presidente.
Mariano Mangano fue quien más años consecutivos ocupó el cargo de presidente del club (Ignacio Ercoli lo presidió doce temporadas, pero en dos etapas diferentes), entre 1960 y 1970. Bajo su mandato la institución logró los títulos más importantes de su historia: la Copa Intercontinental; el tricampeonato 1968-69-70 de la Copa Libertadores de América; la Copa Interamericana; y su primer torneo nacional oficial, el Metropolitano 1967. Además fue el artífice de la construcción del Country Club de City Bell, el predio deportivo que el club posee desde la década de 1960 en las afueras de La Plata.
En 1971, tras la presidencia de Mangano y del período futbolístico e institucional más destacado del club, Estudiantes logró la cifra récord de 75.326 socios, la mayor de su historia.
Fuente: Wikipedia
El primero fue el coronel Miguel Gutiérrez, quien antes, curiosamente, también había formado parte durante dos periodos de la directiva del club Gimnasia, tradicional rival de Estudiantes en la ciudad de La Plata.
Mariano Mangano fue quien más años consecutivos ocupó el cargo de presidente del club (Ignacio Ercoli lo presidió doce temporadas, pero en dos etapas diferentes), entre 1960 y 1970. Bajo su mandato la institución logró los títulos más importantes de su historia: la Copa Intercontinental; el tricampeonato 1968-69-70 de la Copa Libertadores de América; la Copa Interamericana; y su primer torneo nacional oficial, el Metropolitano 1967. Además fue el artífice de la construcción del Country Club de City Bell, el predio deportivo que el club posee desde la década de 1960 en las afueras de La Plata.
En 1971, tras la presidencia de Mangano y del período futbolístico e institucional más destacado del club, Estudiantes logró la cifra récord de 75.326 socios, la mayor de su historia.
El actual presidente del club es Rubén Filipas, quien se impuso sobre Julio Alegre en las elecciones de septiembre de 2008, con el 57% de los votos. Desde su asunción, Estudiantes ha logrado nuevamente destacadas participaciones futbolísticas a nivel internacional, consagrándose por cuarta vez en su historia campeón de la Copa Libertadores de América, tras 39 años de su anterior título, y finalista de la Copa Sudamericana 2008 y la Copa Mundial de Clubes 2009. También obtuvo el Torneo Apertura 2010, el quinto título oficial de la institución en Primera División.
Historia
Jorge Luis Hirschi
Mariano Mangano
Era un denominador común en los clubes de principios de siglo XX, que tanto el Presidente como otros miembros de la Comisión Directiva fueran, simultáneamente o no, integrantes del equipo de fútbol. En Estudiantes de La Plata, por caso, Jorge Luis Hirschi, quien fue delantero del plantel que logró el ascenso a la máxima categoría, en 1911, y el primer título oficial de la institución (amateur) en 1913, ejerció la presidencia entre 1927 y 1932.
Ya en la era profesional, en la década de 1940 y bajo la presidencia de Pedro Osácar, el club obtuvo sus primeras copas nacionales, la Copa Escobar y la Copa de la República. También se terminó de edificar la actual Sede Social, inaugurada en 1946.
Durante el segundo mandato de Juan Domingo Perón como Presidente de la Nación, en 1952, la Comisión Directiva que encabezaba el ingeniero César Ferri fue intervenida por problemas extradeportivos originados por disidencias políticas con el Poder Ejecutivo. El club fue acusado de «boicot» contra la «doctrina justicialista» por mantener ocultos en la sede y no repartir entre sus asociados cerca de dos mil ejemplares de un libro de lectura obligatoria en las escuelas de enseñanza media, «La razón de mi vida», autobiografía de quien en ese momento era la Primera Dama, Eva Duarte de Perón.
La «Comisión Interventora» oficialista, conformada por representantes del Ejecutivo provincial al mando Mario Sbuscio, gobernó el club hasta junio de 1953, cuando los socios de Estudiantes designaron a Raúl Betelú como nuevo presidente.
Mariano Mangano fue quien más años consecutivos ocupó el cargo de presidente del club (Ignacio Ercoli lo presidió doce temporadas, pero en dos etapas diferentes), entre 1960 y 1970. Bajo su mandato la institución logró los títulos más importantes de su historia: la Copa Intercontinental; el tricampeonato 1968-69-70 de la Copa Libertadores de América; la Copa Interamericana; y su primer torneo nacional oficial, el Metropolitano 1967. Además fue el artífice de la construcción del Country Club de City Bell, el predio deportivo que el club posee desde la década de 1960 en las afueras de La Plata.
En 1971, tras la presidencia de Mangano y del período futbolístico e institucional más destacado del club, Estudiantes logró la cifra récord de 75.326 socios, la mayor de su historia.
Fuente: Wikipedia
jueves, 3 de febrero de 2011
Jugadores
Desde el comienzo de la era profesional del fútbol argentino, en 1931, más de 750 jugadores disputaron partidos oficiales vistiendo la camiseta del Club Estudiantes de La Plata. Abel Ernesto Herrera, con 467 encuentros, es el futbolista con mayor cantidad de cotejos oficiales de Primera División jugados en el club; Manuel Pelegrina, a su vez, el máximo artillero de la historia profesional, y cuarto a nivel nacional, con 221 goles convertidos durante 18 temporadas.
De sus divisiones inferiores surgieron una gran cantidad de jugadores que luego integrarían las selecciones argentinas o tendrían trascendencia a nivel internacional, como Juan Sebastián Verón, José Sosa, Mariano Pavone, Ernesto Farías, Luciano Galletti, Martín Palermo, José Luis Calderón, Néstor Oscar Craviotto, Roberto Trotta, Miguel Ángel Russo, José Luis Brown, Patricio Hernández, Juan Ramón Verón, Oscar Malbernat, Gabriel Ogando, Ricardo Infante, Roberto Sbarra, Héctor Blotto, Enrique Guaita y Alejandro Scopelli, entre otros.
Desde el debut de Juan José Lamas, en 1913 y ante el Seleccionado de Uruguay, hasta las convocatorias en los últimos tiempos de Marcos Angeleri, Mariano Andújar, Juan Sebastián Verón, Enzo Pérez, Mauro Boselli, Rodrigo Braña y Clemente Rodríguez, 68 futbolistas de Estudiantes han participado en encuentros de la Selección Argentina mientras se desempeñaban en el club. Cuenta además con jugadores surgidos de su cantera que se han consagrado campeones de la Copa Mundial de Fútbol, de la Copa América, ganadores de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos y campeones del Mundial Juvenil Sub-20.
A lo largo de su historia, Estudiantes contó con la representación de nueve futbolistas en Copas del Mundo; desde Manuel Ferreira y Alejandro Scopelli, en el Mundial de 1930, hasta Clemente Rodríguez y Juan Sebastián Verón, en Sudáfrica 2010.Luis Alberto Islas es el único que logró consagrarse campeón jugando profesionalmente en el club, en México 1986. En tanto que 20 jugadores participaron en alguna edición de la Copa América mientras se desempeñaban en la institución.
En cuatro partidos oficiales, cinco futbolistas de Estudiantes integraron simultáneamente la alineación titular del Seleccionado nacional en un cotejo oficial: en 1914, ante la Selección de Uruguay y su par de Brasil; y en 1984, ante los seleccionados de Suiza y Bélgica.
Fuente: Wikiepdia
De sus divisiones inferiores surgieron una gran cantidad de jugadores que luego integrarían las selecciones argentinas o tendrían trascendencia a nivel internacional, como Juan Sebastián Verón, José Sosa, Mariano Pavone, Ernesto Farías, Luciano Galletti, Martín Palermo, José Luis Calderón, Néstor Oscar Craviotto, Roberto Trotta, Miguel Ángel Russo, José Luis Brown, Patricio Hernández, Juan Ramón Verón, Oscar Malbernat, Gabriel Ogando, Ricardo Infante, Roberto Sbarra, Héctor Blotto, Enrique Guaita y Alejandro Scopelli, entre otros.
Desde el debut de Juan José Lamas, en 1913 y ante el Seleccionado de Uruguay, hasta las convocatorias en los últimos tiempos de Marcos Angeleri, Mariano Andújar, Juan Sebastián Verón, Enzo Pérez, Mauro Boselli, Rodrigo Braña y Clemente Rodríguez, 68 futbolistas de Estudiantes han participado en encuentros de la Selección Argentina mientras se desempeñaban en el club. Cuenta además con jugadores surgidos de su cantera que se han consagrado campeones de la Copa Mundial de Fútbol, de la Copa América, ganadores de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos y campeones del Mundial Juvenil Sub-20.
A lo largo de su historia, Estudiantes contó con la representación de nueve futbolistas en Copas del Mundo; desde Manuel Ferreira y Alejandro Scopelli, en el Mundial de 1930, hasta Clemente Rodríguez y Juan Sebastián Verón, en Sudáfrica 2010.Luis Alberto Islas es el único que logró consagrarse campeón jugando profesionalmente en el club, en México 1986. En tanto que 20 jugadores participaron en alguna edición de la Copa América mientras se desempeñaban en la institución.
En cuatro partidos oficiales, cinco futbolistas de Estudiantes integraron simultáneamente la alineación titular del Seleccionado nacional en un cotejo oficial: en 1914, ante la Selección de Uruguay y su par de Brasil; y en 1984, ante los seleccionados de Suiza y Bélgica.
Fuente: Wikiepdia
Entrenadores
El primer entrenador en dirigir un equipo de fútbol profesional en Estudiantes fue el preparador físico Jaime Rottman, durante el Campeonato de Primera División de 1933; fundamentalmente, porque hasta la primera década del profesionalismo los clubes argentinos optaban por encargar la dirección técnica a los jugadores más importantes o referentes del plantel.
Osvaldo Zubeldía, entrenador del equipo Campeón del Mundo en 1968, es el técnico más ganador en la historia de Estudiantes con seis títulos oficiales (campeón de la Copa Intercontinental; de la Copa Libertadores de América 1968, 1969 y 1970; de la Copa Interamericana 1969; y del Metropolitano 1967, el primer torneo oficial de Primera División logrado por el club en la era profesional). También alcanzó las finales de la Copa Intercontinental en 1969 y 1970; y del Metropolitano 1968, cuando fue subcampeón tras caer ante San Lorenzo.
Los demás títulos fueron obtenidos bajo la dirección técnica de Carlos Salvador Bilardo, en el Metropolitano 1982 (antes había sido subcampeón del Nacional 1975); de Eduardo Luján Manera, en el Nacional 1983; de Diego Pablo Simeone, en el Torneo Apertura 2006; y de Alejandro Sabella, en 2009 y 2010.
Además de ser junto a Zubeldía el entrenador más destacado de la historia de Estudiantes, Carlos Bilardo es uno de los dos únicos técnicos argentinos que lograron consagrarse campeón en Primera División y en una Copa del Mundo con el Seleccionado nacional, en el Mundial de México 1986.
Con la conducción de Leonardo Astrada, quien asumió durante el desarrollo del Torneo Apertura y la Copa Sudamericana 2008, tras la renuncia de Roberto Sensini,el club alcanzó la instancia final del torneo continental y logró clasificarse para una definición de copa internacional después de 37 años.
El actual entrenador es Alejandro Sabella, un exfutbolista de la institución que integró los planteles campeones de Primera División de 1982 y 1983. Debutó en el cargo y en su primera experiencia al frente de un equipo se consagró campeón de la Copa Libertadores 2009, la cuarta de Estudiantes en su historia, constituyendo un hecho sin antecedentes en el club. Es además el primer entrenador que logra un título internacional en la institución tras el exitoso ciclo de Osvaldo Zubeldía; y quien más títulos oficiales obtuvo luego de éste, tras coronarse campeón del Torneo Apertura 2010, el quinto de Estudiantes a nivel nacional.
Fuente: Wikipedia
Osvaldo Zubeldía, entrenador del equipo Campeón del Mundo en 1968, es el técnico más ganador en la historia de Estudiantes con seis títulos oficiales (campeón de la Copa Intercontinental; de la Copa Libertadores de América 1968, 1969 y 1970; de la Copa Interamericana 1969; y del Metropolitano 1967, el primer torneo oficial de Primera División logrado por el club en la era profesional). También alcanzó las finales de la Copa Intercontinental en 1969 y 1970; y del Metropolitano 1968, cuando fue subcampeón tras caer ante San Lorenzo.
Los demás títulos fueron obtenidos bajo la dirección técnica de Carlos Salvador Bilardo, en el Metropolitano 1982 (antes había sido subcampeón del Nacional 1975); de Eduardo Luján Manera, en el Nacional 1983; de Diego Pablo Simeone, en el Torneo Apertura 2006; y de Alejandro Sabella, en 2009 y 2010.
Además de ser junto a Zubeldía el entrenador más destacado de la historia de Estudiantes, Carlos Bilardo es uno de los dos únicos técnicos argentinos que lograron consagrarse campeón en Primera División y en una Copa del Mundo con el Seleccionado nacional, en el Mundial de México 1986.
Con la conducción de Leonardo Astrada, quien asumió durante el desarrollo del Torneo Apertura y la Copa Sudamericana 2008, tras la renuncia de Roberto Sensini,el club alcanzó la instancia final del torneo continental y logró clasificarse para una definición de copa internacional después de 37 años.
El actual entrenador es Alejandro Sabella, un exfutbolista de la institución que integró los planteles campeones de Primera División de 1982 y 1983. Debutó en el cargo y en su primera experiencia al frente de un equipo se consagró campeón de la Copa Libertadores 2009, la cuarta de Estudiantes en su historia, constituyendo un hecho sin antecedentes en el club. Es además el primer entrenador que logra un título internacional en la institución tras el exitoso ciclo de Osvaldo Zubeldía; y quien más títulos oficiales obtuvo luego de éste, tras coronarse campeón del Torneo Apertura 2010, el quinto de Estudiantes a nivel nacional.
Fuente: Wikipedia
jueves, 27 de enero de 2011
jueves, 20 de enero de 2011
Momentos de gloria futbolística
El domingo 6 de agosto de 1967 comenzó un ciclo de éxitos futbolísticos realmente increíble. Aquel domingo, en cancha de San Lorenzo, Estudiantes de La Plata se consagró campeón del primer torneo Metropolitano al ganarle en el partido final a Racing por un categórico 3 a 0. Allí nació la etapa más gloriosa del club Pincharrata, al conquistar uno tras otro los Titulos más imprtantes del mundo, ahciendo surcar sus colores rojo y blanco en los estadios más famosos y midiéndose con los equipos más poderosos.
Entre 1967 y 1971, Estudiantes completó un período nunca igualado por unainstitución deportiva de la Argentina, en lo que se refiere a la trascendencia internacional de los éxitos. Y aquella victoria fetejada contra la Academia, en agosto de 1967, fue el primer escalón de un vertiginoso ascenso que tal vez tuvo su punto de partida algunas horas antes, cuando en cancha de Boca, el Pincha remontó un marcador adverso de 3 a 1 para imponerse finalmente 4 a 3 al ascendente equipo de Platense.
Un partido épico fue aquel que terminó impulsando a la institución platense hacia un lustro de gloria, porque la formación dirigida por Osvaldo Zubeldía mostró su verdadera fibra, su capacidad y ganas de correr la pelota y su convicción triunfadora. Pero sin embargo corresponde también destacar que mucho tuvo que ver en este lanzamiento una reestructuración desde las divisiones inferiores que manejó Juan Urriolabeitia, que presentó las bases de un gran equipo de Primera División. En 1965 Estudiantes se consagró campeón de tercera y cuarta división, y desde 1967, quedó señalado, comenzó la etapa grande del club albirrojo.
Estudiantes ganó el campeonato Matropolitano y salió segundo enel posterior Nacional, invicto; al año siguiente llegó el primer centro de esos que ni los más optimistas y fervientes simpatizantes soñaron jamás: campeón de América. Pero eso no fue todo, porque un año después, en 1968, Estudiantes llegó a la cima de la gloria consagrándose dempeón del mundo. En 1969 se repitió la hazaña de ganar la Copa Libertadores y como yapa incorporó a sus vitrinas la Copa Interamericana. En 1970 logró la Libertadores por tercer año consecutivo y al año siguiente estuvo a punto de ser tetracampeón americano al perder en la final contra Nacional de Montevideo, Uruguay.
En la continuación de aquella reorganización de inferiores que además de Urriolabeitia mostró cumpliendo una tarea muy importante en la formación de jóvenes futbolístas a Miguel Ignomiriello, y con Carlos Pachamé, Eduardo Flores, Juan Ramón Verón y Oscar Malbernat asomando como grandes promesas, la dirigencia de Estudiantes resolvió en 1965 la contratación de un director técnico joven, sin mucho cartel, que a la postre se convirtió en uno de los principales artífices del equipo campeón del mundo: Osvaldo Zubeldía, claro. El recién llegado se abocó a la formación de un elenco con jugadores que se pudieran adaptar a sus características conductivas y que al mismo tiempo se preparara para esfuerzos mayores.
Así comenzaron a incorporarse al plantel valores como Conigliaro, Bilardo, Santiago y Barale, quienes se sumaron a elementos como Madero, Poletti, Verón, Flores y Malbernat, constituyéndose básicamente el siguiente equipo: Poletti; Chevez, López, Barale, Malbernat; Santiago, Bilardo, Madero; Conigliaro, Flores y Verón.
HEROES DE LOS '60
Estudiantes ganó el Metropolitano de 1967 luego de ganarle a Racing por 3 a 0 (Madero, Verón y Ribaudo, en el segundo tiempo, los goles), partido jugado en cancha de San Lorenzo, que dirigió Guillermo Nimo y presentó esta formación por el lado Pincha: Poletti; Aguirre Suárez, Spadaro; Malbernat (capitán), Madero, Pachamé; Ribaudo, Bilardo, Conigliaro, Echecopar y Verón. Dirigida por Osvaldo Zubeldía.
El plantel campeón se completó con Gabriel Flores, Henry Barale, Manera, Hugo Mateos, Rubén Bedogni, Eduardo Flores y Luis Carlos Zibecchi como futbolístas; mientras que como colaboradores de Zubeldía trabajaron Jorge Kistenmacher (preparador físico), Luis Elorga (kinesiólogo), Roberto Marelli (médico) y Ricardo Callero (utilero).
La obra se completó en 1968 con aquel empate de 1 a 1 en Old Trafford, frente al Manchester United (Verón y Morgan los goles), en la revancha del 1 a 0 para el Pincha en el partido de ida por la Copa Intercontinental, que protagonizó esta formación: Poletti; Malbernat, Aguirre Suárez, Madero, Medina; Bilardo, Togneri, Pachamé; Ribaudo (Echecopar), Conigliaro y Verón. Tras una campaña que incluyó 12 victorias, 3 empates y 3 derrotas, con 27 goles a favor y 13 en contra.
EL EQUIPO DE BILARDO
De la mano de Carlos Salvador Bilardo, Estudiantes volvió a formar otro equipo campeón en 1982. Un triunfo conseguido en Córdoba como visitante de Talleres, por 2 a 0 con goles de Brown (de penal) y Gottardi), marcó el final de una campaña brillante desarrollada por un equipo al que le sobró talento y sacrificio.
El Narigón firmó contrato en diciembre de 1981, con Ricardo Echevarría como preparador físico y Roberto Marelli como médico. Y enseguida puso manos a la obra para darle forma al plantel. Confirmó a Brown, Herrera, Miguel Angel Russo, Gotradi y Trama. Necesitaba un arquero y llamó a Delménico. Y más tarde se incorporaron Lemme y Landucci, el uruguayo malvarez y su compatriota Daniel Martínez. Estaban Rubén Horacio galletti, Sergio Gurrieri y Miguel Angel Gette, pero había que encontrar el reemplazante de Patricio Hernández, transferido a Italia.
La jugada de Bilardo fue maestra: fue a buscar a Alejandro Sabella, que estaba jugando en el Leeds United, de Inglaterra, al lado le puso a Marcelo Trobbiani, y para completar la cuota de talento recuperó a José Daniel Ponce, que ya estaba en el club. Y el grupo se completó con Camino, Alberto Monzón, Walter Perazzo, Héctor Vargas, Carlos bertero y Claudio Gugnali... Con esos jugadores, planificación y trabajo comenzó a armarse el equipo campeón del torneo Soberanía.
En la primera ronda, aquel gran equipo totalizó 26 puntos y en la segunda 28; habiendo perdido solamente tres veces: contra Boca, Newell's y de nuevo Boca. Y el broche de oro para cerrar la obtención del Titulo fue lejos de La Plata, en Córdoba: el 14 de febrero de 1983, sobre Talleres, con goles de Brown (de penal) y Gottardi, al cabo de otra demostración de capacidad individual y colectiva. Dejando en claro que había sido el mejor en un torneo largo, intenso, competitivo y dramático.
Se fue Bilardo a la Selección nacional, Eduardo Luján Manera se hizo cargo del equipo y aprovechando el envión se quedó con el posterior campeonato Nacional postergando también a Independiente al cabo de una gran final que tuvo ganador al Pincha por 2 a 0 en La Plata y a los Rojos 2 a 1 en la revancha jugada en Avellaneda. El descuento lo marcó Guillermo Trama y esa anotación terminó marcando la diferencia entre el equipo de Manera y el que dirigía Nito Osvaldo Veiga.
Fuente: Diario EL DIA
Entre 1967 y 1971, Estudiantes completó un período nunca igualado por unainstitución deportiva de la Argentina, en lo que se refiere a la trascendencia internacional de los éxitos. Y aquella victoria fetejada contra la Academia, en agosto de 1967, fue el primer escalón de un vertiginoso ascenso que tal vez tuvo su punto de partida algunas horas antes, cuando en cancha de Boca, el Pincha remontó un marcador adverso de 3 a 1 para imponerse finalmente 4 a 3 al ascendente equipo de Platense.
Un partido épico fue aquel que terminó impulsando a la institución platense hacia un lustro de gloria, porque la formación dirigida por Osvaldo Zubeldía mostró su verdadera fibra, su capacidad y ganas de correr la pelota y su convicción triunfadora. Pero sin embargo corresponde también destacar que mucho tuvo que ver en este lanzamiento una reestructuración desde las divisiones inferiores que manejó Juan Urriolabeitia, que presentó las bases de un gran equipo de Primera División. En 1965 Estudiantes se consagró campeón de tercera y cuarta división, y desde 1967, quedó señalado, comenzó la etapa grande del club albirrojo.
Estudiantes ganó el campeonato Matropolitano y salió segundo enel posterior Nacional, invicto; al año siguiente llegó el primer centro de esos que ni los más optimistas y fervientes simpatizantes soñaron jamás: campeón de América. Pero eso no fue todo, porque un año después, en 1968, Estudiantes llegó a la cima de la gloria consagrándose dempeón del mundo. En 1969 se repitió la hazaña de ganar la Copa Libertadores y como yapa incorporó a sus vitrinas la Copa Interamericana. En 1970 logró la Libertadores por tercer año consecutivo y al año siguiente estuvo a punto de ser tetracampeón americano al perder en la final contra Nacional de Montevideo, Uruguay.
En la continuación de aquella reorganización de inferiores que además de Urriolabeitia mostró cumpliendo una tarea muy importante en la formación de jóvenes futbolístas a Miguel Ignomiriello, y con Carlos Pachamé, Eduardo Flores, Juan Ramón Verón y Oscar Malbernat asomando como grandes promesas, la dirigencia de Estudiantes resolvió en 1965 la contratación de un director técnico joven, sin mucho cartel, que a la postre se convirtió en uno de los principales artífices del equipo campeón del mundo: Osvaldo Zubeldía, claro. El recién llegado se abocó a la formación de un elenco con jugadores que se pudieran adaptar a sus características conductivas y que al mismo tiempo se preparara para esfuerzos mayores.
Así comenzaron a incorporarse al plantel valores como Conigliaro, Bilardo, Santiago y Barale, quienes se sumaron a elementos como Madero, Poletti, Verón, Flores y Malbernat, constituyéndose básicamente el siguiente equipo: Poletti; Chevez, López, Barale, Malbernat; Santiago, Bilardo, Madero; Conigliaro, Flores y Verón.
HEROES DE LOS '60
Estudiantes ganó el Metropolitano de 1967 luego de ganarle a Racing por 3 a 0 (Madero, Verón y Ribaudo, en el segundo tiempo, los goles), partido jugado en cancha de San Lorenzo, que dirigió Guillermo Nimo y presentó esta formación por el lado Pincha: Poletti; Aguirre Suárez, Spadaro; Malbernat (capitán), Madero, Pachamé; Ribaudo, Bilardo, Conigliaro, Echecopar y Verón. Dirigida por Osvaldo Zubeldía.
El plantel campeón se completó con Gabriel Flores, Henry Barale, Manera, Hugo Mateos, Rubén Bedogni, Eduardo Flores y Luis Carlos Zibecchi como futbolístas; mientras que como colaboradores de Zubeldía trabajaron Jorge Kistenmacher (preparador físico), Luis Elorga (kinesiólogo), Roberto Marelli (médico) y Ricardo Callero (utilero).
La obra se completó en 1968 con aquel empate de 1 a 1 en Old Trafford, frente al Manchester United (Verón y Morgan los goles), en la revancha del 1 a 0 para el Pincha en el partido de ida por la Copa Intercontinental, que protagonizó esta formación: Poletti; Malbernat, Aguirre Suárez, Madero, Medina; Bilardo, Togneri, Pachamé; Ribaudo (Echecopar), Conigliaro y Verón. Tras una campaña que incluyó 12 victorias, 3 empates y 3 derrotas, con 27 goles a favor y 13 en contra.
EL EQUIPO DE BILARDO
De la mano de Carlos Salvador Bilardo, Estudiantes volvió a formar otro equipo campeón en 1982. Un triunfo conseguido en Córdoba como visitante de Talleres, por 2 a 0 con goles de Brown (de penal) y Gottardi), marcó el final de una campaña brillante desarrollada por un equipo al que le sobró talento y sacrificio.
El Narigón firmó contrato en diciembre de 1981, con Ricardo Echevarría como preparador físico y Roberto Marelli como médico. Y enseguida puso manos a la obra para darle forma al plantel. Confirmó a Brown, Herrera, Miguel Angel Russo, Gotradi y Trama. Necesitaba un arquero y llamó a Delménico. Y más tarde se incorporaron Lemme y Landucci, el uruguayo malvarez y su compatriota Daniel Martínez. Estaban Rubén Horacio galletti, Sergio Gurrieri y Miguel Angel Gette, pero había que encontrar el reemplazante de Patricio Hernández, transferido a Italia.
La jugada de Bilardo fue maestra: fue a buscar a Alejandro Sabella, que estaba jugando en el Leeds United, de Inglaterra, al lado le puso a Marcelo Trobbiani, y para completar la cuota de talento recuperó a José Daniel Ponce, que ya estaba en el club. Y el grupo se completó con Camino, Alberto Monzón, Walter Perazzo, Héctor Vargas, Carlos bertero y Claudio Gugnali... Con esos jugadores, planificación y trabajo comenzó a armarse el equipo campeón del torneo Soberanía.
En la primera ronda, aquel gran equipo totalizó 26 puntos y en la segunda 28; habiendo perdido solamente tres veces: contra Boca, Newell's y de nuevo Boca. Y el broche de oro para cerrar la obtención del Titulo fue lejos de La Plata, en Córdoba: el 14 de febrero de 1983, sobre Talleres, con goles de Brown (de penal) y Gottardi, al cabo de otra demostración de capacidad individual y colectiva. Dejando en claro que había sido el mejor en un torneo largo, intenso, competitivo y dramático.
Se fue Bilardo a la Selección nacional, Eduardo Luján Manera se hizo cargo del equipo y aprovechando el envión se quedó con el posterior campeonato Nacional postergando también a Independiente al cabo de una gran final que tuvo ganador al Pincha por 2 a 0 en La Plata y a los Rojos 2 a 1 en la revancha jugada en Avellaneda. El descuento lo marcó Guillermo Trama y esa anotación terminó marcando la diferencia entre el equipo de Manera y el que dirigía Nito Osvaldo Veiga.
Fuente: Diario EL DIA
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Verón padre e hijo
La llegada de Juan Sebastián Verón, en los primeros de 2006, significó para Estudiantes
mucho más que la incorporación de un crack: es también la reafirmación de una
tradición, la del apellido Verón. Para muchos, Juan Ramón es el del jugador más
importante de la historia del Club. Y no sólo fue la estrella de un equipo que marcó un
antes y un después en el fútbol argentino sino que dejó a un sucesor de una jerarquía
indiscutida a nivel mundial.
Aunque parezca una perogrullada, vale recordarlo: si la Bruja no hubiese existido, la
Brujita tampoco; si el padre no le hubiese transmitido el sentimiento por los colores, el
hijo no habría enmudecido a los clubes grandes, cuyo corsé de soberbia les impide
comprender más allá de la billetera; si el mayor no hubiese escrito tantas páginas, el
pibe nunca habría querido revalidarlas y dejar el apellido bien en alto.
“Tarde de Brujas y Fantasmas” tituló El Gráfico a la crónica de un partido inolvidable
que habían protagonizado Estudiantes y Gimnasia, que terminó 3 a 3 pero que fue una
demostración de lujoso fútbol de Verón y Miguel Angel Benito. Quien escribió aquellos
elogios no sabía que Juan Ramón, mientras dibujaba por la izquierda, estaba siendo
padre de un crack que llevaba, indudablemente, su don en los genes. Ese mismo 9 de
marzo de 1975 Juan Sebastián llegaba para asegurar una sucesión en el trono, para
mantener la vigencia de un apellido...
El chico creció con Estudiantes. A los pocos años se hizo fanático de la pelota y quiso
ser parte...
--Juan Ramón: Sebastián venía comingo hasta a las concentraciones; vivía acá, en los
entrenamientos o cuando yo dirigía en Inferiores. Era un enfermo del fútbol, y le
gustaba tanto que mientras yo entrenaba a las Inferiores, él se pasaba horas pateando en
un frontón que había en el estadio. Y tan insoportable estaba con que quería jugar, que
lo metí dos años antes a una división, a la 73.
--Juan Sebastián: El primer recuerdo es del año 83: el equipo festejaba el campeonato en
un amistoso contra Temperley, y yo era uno de los chicos que formaban esa pasarela.
Papá trabajaba en Inferiores y pude meterme ahí. Yo llegué a los cinco al club, y es
cierto que le hinchaba a papá para jugar.
--¿Lo dirigiste?
--JR: Sí, lo dirigí en Octava y Quinta. Siempre jugó en el medio, al principio era más
ocho.
--¿Y vos pudiste verlo jugar?
--JS: Al final. Me acuerdo un Estudiantes-Boca en nuestra cancha. Hizo un gol de penal
Diego, al que después echaron.
--¿Creés que con la llegada de Sebastián se mantiene vigente el apellido?
--JR: Lo importante es que él pudo volver y tiene la posibilidad de darse el gusto de
jugar en el club del que es hincha. Fijate que casi no jugó en Primera acá. La
coincidencia es que yo pude estar en Estudiantes mucho tiempo y él ahora podrá
hacerlo. Y espero que siga con el hermano, con Iani.
--JS: Con el paso del tiempo me fui dando cuenta de la importancia del apellido...
aportado por él. No me daba cuenta de lo que significaba para la gente; sí lo vivía en
casa, con los comentarios y los recortes que hacía mi vieja. Pero en algún momento te
das cuenta. Por ejemplo, cuando llegué a Manchester, al primer lugar que me llevaron
fue al museo del club, y lo primero que vi fue un banderín con la cara de mi viejo
estampada en él. Ahí te cae la ficha.
--JR: Yo tuve la suerte de integrar uno de los mejores equipos del club. Si hubiese
llegado en otro momento, las cosas no se habrían dado de esa manera; se juntaron un
gran presidente como Mangano y un gran técnico como Zubeldía, además de una gran
camada de jugadores. En el fútbol te toca o no, y a mí me tocó.
La Bruja dice que el contexto lo hizo grande. Con esa línea de pensamiento, entonces, la
Brujita es grande fuera de todo contexto, y la razón por la que volvió fue para escribir su
propia historia.
--JS: Mi sueño es repetir lo que hizo mi viejo, pero eso está muy por encima de lo que
pretendo conscientemente.
--JR: Su carrera está hecha. Son muy pocos los jugadores que han hecho una carrera de
este tipo. Superó todos los pronósticos; cuando empezó, decían que jugaba porque era
mi hijo, pero después fueron dándose cuenta de que había algo más. Hizo una carrera
extraordinaria. Lo que está haciendo hoy, de estar acá, es la frutilla del postre.
--JS: Mi anhelo es jugar por mucho tiempo con la camiseta de Estudiantes, todo el
tiempo que pueda. Esa es mi cuenta pendiente, expresar así lo que siento por la
camiseta, por la gente, por mi infancia y mi adolescencia.
--¿Le queda bien la 11?
--JR: Hizo méritos para usarla.
--JS: El ídolo y todo lo que significan el apellido Verón y la camiseta 11 se lo debemos
a él. Yo trataré de hacer algo para mantenerlo y para que haya una continuación. Espero
no defraudarlo.
Esta nota fue publicada por Animals! en la edición de julio de 2006. Sin dudas, no lo
defraudó.
Fuente: Revista Animals!
mucho más que la incorporación de un crack: es también la reafirmación de una
tradición, la del apellido Verón. Para muchos, Juan Ramón es el del jugador más
importante de la historia del Club. Y no sólo fue la estrella de un equipo que marcó un
antes y un después en el fútbol argentino sino que dejó a un sucesor de una jerarquía
indiscutida a nivel mundial.
Aunque parezca una perogrullada, vale recordarlo: si la Bruja no hubiese existido, la
Brujita tampoco; si el padre no le hubiese transmitido el sentimiento por los colores, el
hijo no habría enmudecido a los clubes grandes, cuyo corsé de soberbia les impide
comprender más allá de la billetera; si el mayor no hubiese escrito tantas páginas, el
pibe nunca habría querido revalidarlas y dejar el apellido bien en alto.
“Tarde de Brujas y Fantasmas” tituló El Gráfico a la crónica de un partido inolvidable
que habían protagonizado Estudiantes y Gimnasia, que terminó 3 a 3 pero que fue una
demostración de lujoso fútbol de Verón y Miguel Angel Benito. Quien escribió aquellos
elogios no sabía que Juan Ramón, mientras dibujaba por la izquierda, estaba siendo
padre de un crack que llevaba, indudablemente, su don en los genes. Ese mismo 9 de
marzo de 1975 Juan Sebastián llegaba para asegurar una sucesión en el trono, para
mantener la vigencia de un apellido...
El chico creció con Estudiantes. A los pocos años se hizo fanático de la pelota y quiso
ser parte...
--Juan Ramón: Sebastián venía comingo hasta a las concentraciones; vivía acá, en los
entrenamientos o cuando yo dirigía en Inferiores. Era un enfermo del fútbol, y le
gustaba tanto que mientras yo entrenaba a las Inferiores, él se pasaba horas pateando en
un frontón que había en el estadio. Y tan insoportable estaba con que quería jugar, que
lo metí dos años antes a una división, a la 73.
--Juan Sebastián: El primer recuerdo es del año 83: el equipo festejaba el campeonato en
un amistoso contra Temperley, y yo era uno de los chicos que formaban esa pasarela.
Papá trabajaba en Inferiores y pude meterme ahí. Yo llegué a los cinco al club, y es
cierto que le hinchaba a papá para jugar.
--¿Lo dirigiste?
--JR: Sí, lo dirigí en Octava y Quinta. Siempre jugó en el medio, al principio era más
ocho.
--¿Y vos pudiste verlo jugar?
--JS: Al final. Me acuerdo un Estudiantes-Boca en nuestra cancha. Hizo un gol de penal
Diego, al que después echaron.
--¿Creés que con la llegada de Sebastián se mantiene vigente el apellido?
--JR: Lo importante es que él pudo volver y tiene la posibilidad de darse el gusto de
jugar en el club del que es hincha. Fijate que casi no jugó en Primera acá. La
coincidencia es que yo pude estar en Estudiantes mucho tiempo y él ahora podrá
hacerlo. Y espero que siga con el hermano, con Iani.
--JS: Con el paso del tiempo me fui dando cuenta de la importancia del apellido...
aportado por él. No me daba cuenta de lo que significaba para la gente; sí lo vivía en
casa, con los comentarios y los recortes que hacía mi vieja. Pero en algún momento te
das cuenta. Por ejemplo, cuando llegué a Manchester, al primer lugar que me llevaron
fue al museo del club, y lo primero que vi fue un banderín con la cara de mi viejo
estampada en él. Ahí te cae la ficha.
--JR: Yo tuve la suerte de integrar uno de los mejores equipos del club. Si hubiese
llegado en otro momento, las cosas no se habrían dado de esa manera; se juntaron un
gran presidente como Mangano y un gran técnico como Zubeldía, además de una gran
camada de jugadores. En el fútbol te toca o no, y a mí me tocó.
La Bruja dice que el contexto lo hizo grande. Con esa línea de pensamiento, entonces, la
Brujita es grande fuera de todo contexto, y la razón por la que volvió fue para escribir su
propia historia.
--JS: Mi sueño es repetir lo que hizo mi viejo, pero eso está muy por encima de lo que
pretendo conscientemente.
--JR: Su carrera está hecha. Son muy pocos los jugadores que han hecho una carrera de
este tipo. Superó todos los pronósticos; cuando empezó, decían que jugaba porque era
mi hijo, pero después fueron dándose cuenta de que había algo más. Hizo una carrera
extraordinaria. Lo que está haciendo hoy, de estar acá, es la frutilla del postre.
--JS: Mi anhelo es jugar por mucho tiempo con la camiseta de Estudiantes, todo el
tiempo que pueda. Esa es mi cuenta pendiente, expresar así lo que siento por la
camiseta, por la gente, por mi infancia y mi adolescencia.
--¿Le queda bien la 11?
--JR: Hizo méritos para usarla.
--JS: El ídolo y todo lo que significan el apellido Verón y la camiseta 11 se lo debemos
a él. Yo trataré de hacer algo para mantenerlo y para que haya una continuación. Espero
no defraudarlo.
Esta nota fue publicada por Animals! en la edición de julio de 2006. Sin dudas, no lo
defraudó.
Fuente: Revista Animals!
domingo, 31 de octubre de 2010
82/83: ¿El mejor equipo?
Contó Nelson Oltolina, vicepresidente del equipo bicampeón del 82/83, a Animals!: “El
Flaco cuando volvió de Colombia ya quería dirigir a Estudiantes. Y esto lo había hecho
saber. Primero lo fuimos a buscar a la mueblería, en La Paternal. Ese mismo día, a la
noche, vino a La Plata y firmó. Hablaba mucho conmigo porque ya lo conocía de los
años ’70. Pidió armar un gran equipo. Al primero que pidió fue a Sabella. Yo abría los
ojos, porque Sabella valía una fortuna. Lo quería interrumpir, pero Carlos me decía:
‘Después hablamos, después hablamos’. Un viernes a la tarde, salió para Inglaterra. Y el
domingo a la mañana me llamó con Sabella al teléfono. El quería venir y estaba
dispuesto a hacer un esfuerzo económico. Los ingleses querían como 200 mil dólares;
era un montón de plata. Le dije que más de 60 mil dólares no teníamos. Acordamos la
mitad de contado y después otras seis cuotas en seis meses”.
Contó Raúl Correbo, presidente del equipo bicampeón del 82/83, a Animals!:
“Ganamos las elecciones el 29 de noviembre y el 10 de diciembre de 1981, Ercoli nos
entregó el poder. En ese ínterin, tuvimos que elegir el técnico. No teníamos apalabrado
a nadie. Había gente que quería a Zubeldía, pero estaba en Colombia. La mayoría
prefería a Bilardo. Lo llamamos y convocamos a mi estudio. Fue una nochecita.
Charlamos de fútbol, nunca Carlos anteponía el dinero. Estábamos con nuestras
esposas, pero enseguida se hizo las 3 de la mañana. A esa hora nos dijo: ‘Bueno,
tenemos que arreglar con el profe’. Nosotros le respondimos que lo eligiera tranquilo,
sin problemas. Ahí nomás lo llamó. ¡El Profe Echeverría llegó a las 4 de la mañana, con
un sobretodo arriba del pijama!”
“No conocía a Bilardo, no sabía que era tan ansioso. Una vez me llamó a las 5 de la
mañana para decirme que en el Country había cinco pelotas y que él quería seis. A
Chiche Denegri (dirigente en el área del fútbol) le gritaba en el medio de un partido:
‘¡Andá a comprar pelotas! Se ve que habían tirado como tres o cuatro a la tribuna”.
- ¿Recuerda cómo se armó aquel gran equipo?
- Lo hizo todo él.
El Narigón cinceló rápidamente uno de los mejores equipos de la historia del fútbol
argentino. Ojo, esto no es exagerado. Una formación que todavía se recuerda de
memoria, con un mediocampo de excepción: Russo, Trobbiani, Ponce y Sabella.
Muchos hinchas coinciden en que ese equipo incluso jugó un mejor fútbol que el
multicampeón de Zubeldía. Un fútbol total.
Con ese plantel, Estudiantes llegó a las semifinales del Campeonato Nacional 82, donde
fue eliminado por Quilmes en partidos de ida y vuelta; y al siguiente torneo, con 21
triunfos, 12 empates y 3 derrotas, se consagró campeón del Metropolitano 1982, el 14
de febrero de 1983, tras derrotar en la última jornada por 2-0 a Talleres en Córdoba,
hecho que catapultó el arribo de Carlos Bilardo a la Selección Nacional que obtendría la
Copa del Mundo en 198.
Al año siguiente, ya con Bilardo a cargo del Seleccionado, otro ex integrante del plantel
campeón de América y del Mundo, Eduardo Luján Manera, asumió como entrenador de
Estudiantes y consiguió el tercer título a nivel local para el club al consagrarse campeón
del Nacional 1983. La final la disputó ante Independiente, en dos partidos: el primero,
en el estadio de Estudiantes, el4 de junio, terminó 2-0 para el local con goles de Hugo
Gottardi y Guillermo Trama; el segundo, jugado en Avellaneda el 10 de junio, fue
victoria de Independiente, 2-1, con goles de Ricardo Giusti y Enzo Trossero, y de
Trama para Estudiantes, que obtuvo el título y el bicampeonato 82-83 por diferencia de
gol.
Ese mismo año volvió a participar de la Copa Libertadores por sexta vez en su historia,
con una destacada actuación en la que llegó hasta la instancia semifinal. Allí enfrentó a
Gremio de Porto Alegre, Brasil, en uno de los partidos más emotivos de su historia. El
encuentro se disputó el8 de julio de 1983 y Estudiantes, tras ir en desventaja por 3-1 y
jugar con tres futbolistas menos por las expulsiones de Ponce, Trobbiani, Julián Camino
y Hugo Tévez, logró empatar 3-3 con un agónico gol de Miguel Ángel Russo.
Igualmente, a pesar del buen desempeño, la igualdad no le alcanzó para llegar a la final,
que fue ganada por el equipo brasileño, ya que después Estudiantes también empató en
Colombia, ante el América de Cali, 0-0, finalizando segundo en su grupo de
semifinales.
Fuente: Revista Animals!
Flaco cuando volvió de Colombia ya quería dirigir a Estudiantes. Y esto lo había hecho
saber. Primero lo fuimos a buscar a la mueblería, en La Paternal. Ese mismo día, a la
noche, vino a La Plata y firmó. Hablaba mucho conmigo porque ya lo conocía de los
años ’70. Pidió armar un gran equipo. Al primero que pidió fue a Sabella. Yo abría los
ojos, porque Sabella valía una fortuna. Lo quería interrumpir, pero Carlos me decía:
‘Después hablamos, después hablamos’. Un viernes a la tarde, salió para Inglaterra. Y el
domingo a la mañana me llamó con Sabella al teléfono. El quería venir y estaba
dispuesto a hacer un esfuerzo económico. Los ingleses querían como 200 mil dólares;
era un montón de plata. Le dije que más de 60 mil dólares no teníamos. Acordamos la
mitad de contado y después otras seis cuotas en seis meses”.
Contó Raúl Correbo, presidente del equipo bicampeón del 82/83, a Animals!:
“Ganamos las elecciones el 29 de noviembre y el 10 de diciembre de 1981, Ercoli nos
entregó el poder. En ese ínterin, tuvimos que elegir el técnico. No teníamos apalabrado
a nadie. Había gente que quería a Zubeldía, pero estaba en Colombia. La mayoría
prefería a Bilardo. Lo llamamos y convocamos a mi estudio. Fue una nochecita.
Charlamos de fútbol, nunca Carlos anteponía el dinero. Estábamos con nuestras
esposas, pero enseguida se hizo las 3 de la mañana. A esa hora nos dijo: ‘Bueno,
tenemos que arreglar con el profe’. Nosotros le respondimos que lo eligiera tranquilo,
sin problemas. Ahí nomás lo llamó. ¡El Profe Echeverría llegó a las 4 de la mañana, con
un sobretodo arriba del pijama!”
“No conocía a Bilardo, no sabía que era tan ansioso. Una vez me llamó a las 5 de la
mañana para decirme que en el Country había cinco pelotas y que él quería seis. A
Chiche Denegri (dirigente en el área del fútbol) le gritaba en el medio de un partido:
‘¡Andá a comprar pelotas! Se ve que habían tirado como tres o cuatro a la tribuna”.
- ¿Recuerda cómo se armó aquel gran equipo?
- Lo hizo todo él.
El Narigón cinceló rápidamente uno de los mejores equipos de la historia del fútbol
argentino. Ojo, esto no es exagerado. Una formación que todavía se recuerda de
memoria, con un mediocampo de excepción: Russo, Trobbiani, Ponce y Sabella.
Muchos hinchas coinciden en que ese equipo incluso jugó un mejor fútbol que el
multicampeón de Zubeldía. Un fútbol total.
Con ese plantel, Estudiantes llegó a las semifinales del Campeonato Nacional 82, donde
fue eliminado por Quilmes en partidos de ida y vuelta; y al siguiente torneo, con 21
triunfos, 12 empates y 3 derrotas, se consagró campeón del Metropolitano 1982, el 14
de febrero de 1983, tras derrotar en la última jornada por 2-0 a Talleres en Córdoba,
hecho que catapultó el arribo de Carlos Bilardo a la Selección Nacional que obtendría la
Copa del Mundo en 198.
Al año siguiente, ya con Bilardo a cargo del Seleccionado, otro ex integrante del plantel
campeón de América y del Mundo, Eduardo Luján Manera, asumió como entrenador de
Estudiantes y consiguió el tercer título a nivel local para el club al consagrarse campeón
del Nacional 1983. La final la disputó ante Independiente, en dos partidos: el primero,
en el estadio de Estudiantes, el4 de junio, terminó 2-0 para el local con goles de Hugo
Gottardi y Guillermo Trama; el segundo, jugado en Avellaneda el 10 de junio, fue
victoria de Independiente, 2-1, con goles de Ricardo Giusti y Enzo Trossero, y de
Trama para Estudiantes, que obtuvo el título y el bicampeonato 82-83 por diferencia de
gol.
Ese mismo año volvió a participar de la Copa Libertadores por sexta vez en su historia,
con una destacada actuación en la que llegó hasta la instancia semifinal. Allí enfrentó a
Gremio de Porto Alegre, Brasil, en uno de los partidos más emotivos de su historia. El
encuentro se disputó el8 de julio de 1983 y Estudiantes, tras ir en desventaja por 3-1 y
jugar con tres futbolistas menos por las expulsiones de Ponce, Trobbiani, Julián Camino
y Hugo Tévez, logró empatar 3-3 con un agónico gol de Miguel Ángel Russo.
Igualmente, a pesar del buen desempeño, la igualdad no le alcanzó para llegar a la final,
que fue ganada por el equipo brasileño, ya que después Estudiantes también empató en
Colombia, ante el América de Cali, 0-0, finalizando segundo en su grupo de
semifinales.
Fuente: Revista Animals!
viernes, 29 de octubre de 2010
Fillol y el subcampeonato del 75
“La cancha fue una cadera envuelta en banderas blancas y rojas. Fillol, un mago que
sacaba de su galera increíbles palomas de todos colores. Antes de los veinte minutos
iniciales, Estudiantes merecía estar tres goles arriba. No tanto por diferencias
futbolísticas como por los goles hechos que el arquero de Núñez evitó milagrosamente.
Aquí van resumidas esas tres postales para recuerdo. Cinco minutos: Benito se le fue a
Comelles, envió el centro de zurda y en la boca del área se zambulló Verón. Fillol iba
hacia su poste derecho y el frentazo de la Bruja hacia el otro. Gol. ¡Gol! ¿Gol? Para toda
la cancha era eso. Menos para Fillol, que voló hasta su poste derecho y la encerró entre
sus diez dedos de oro”.
La crónica de aquel partido jugado el 21 de diciembre de 1975, escrita por el periodista
de Clarín Jorge Ruprecht refleja en tiempo y circunstancia por qué Estudiantes no ganó
ese partido ante River, que le hubiera permitido ser campeón del Nacional de ese año.
La razón se llamó Ubaldo Matildo Fillol. Sin embargo, de todas esas muestras de
invulnerabilidad que tuvo aquella noche en cancha de Vélez, hubo una, la primera, que
uno de los mejores arqueros de la historia del fútbol argentino recuerda como
excepcional. Incluso para él. “Para mí, ese cabezazo que le tapé a la Bruja Verón fue la
atajada de mi carrera. No digo la más importante, porque ahí compite con la que tuve en
la final del Mundial 78 ante Holanda. Pero por la forma en que saqué la pelota, por el
movimiento y los reflejos, yo no recuerdo una igual”, rememora el Pato con Animals!
Tan cierto es que ese partido los palos también ayudaron a Fillol (en ellos rebotaron un
tiro libre de Galletti y un penal de Carlos López), como que aquella atajada, aquellas
atajadas, dejaron a Estudiantes con las manos vacías y algo más. Será por eso que,
varios años después, Juan Ramón Verón todavía recuerda esa jugada: “Fue increíble: yo
cabeceé entre el penal y el área chica. En ese momento, Fillol no estaba. Había ido a
cubrir el primer palo. Y de repente, de la nada, apareció para sacar la pelota. Yo nunca
vi algo así, nadie me atajó una pelota de esa manera”, cuenta La Bruja, con mezcla de
asombro y resignación.
De todas maneras, jura que jamás felicitó al Pato por eso. “¡Qué lo voy a felicitar si nos
sacó el campeonato! Con ese gol éramos campeones. Ese día, encima, erramos un penal
y nos ganaron 1 a 0. Si entraba mi cabezazo tal vez otra era la historia”, asegura Verón
padre.
En definitiva, la última fecha también rompió esa ilusión: Estudiantes ya le había
ganado 2 a 0 a Temperley y River, a poco del final, empataba con Central en Rosario 1
a 1. Con ese resultado, el equipo que dirigía un joven Bilardo daba la vuelta. Pero sobre
la hora, en el minuto 89, la Pepona Reinaldi apareció otra vez. Así, los de Núñez
festejaron el título.
Fuente: Revista Animals!
sacaba de su galera increíbles palomas de todos colores. Antes de los veinte minutos
iniciales, Estudiantes merecía estar tres goles arriba. No tanto por diferencias
futbolísticas como por los goles hechos que el arquero de Núñez evitó milagrosamente.
Aquí van resumidas esas tres postales para recuerdo. Cinco minutos: Benito se le fue a
Comelles, envió el centro de zurda y en la boca del área se zambulló Verón. Fillol iba
hacia su poste derecho y el frentazo de la Bruja hacia el otro. Gol. ¡Gol! ¿Gol? Para toda
la cancha era eso. Menos para Fillol, que voló hasta su poste derecho y la encerró entre
sus diez dedos de oro”.
La crónica de aquel partido jugado el 21 de diciembre de 1975, escrita por el periodista
de Clarín Jorge Ruprecht refleja en tiempo y circunstancia por qué Estudiantes no ganó
ese partido ante River, que le hubiera permitido ser campeón del Nacional de ese año.
La razón se llamó Ubaldo Matildo Fillol. Sin embargo, de todas esas muestras de
invulnerabilidad que tuvo aquella noche en cancha de Vélez, hubo una, la primera, que
uno de los mejores arqueros de la historia del fútbol argentino recuerda como
excepcional. Incluso para él. “Para mí, ese cabezazo que le tapé a la Bruja Verón fue la
atajada de mi carrera. No digo la más importante, porque ahí compite con la que tuve en
la final del Mundial 78 ante Holanda. Pero por la forma en que saqué la pelota, por el
movimiento y los reflejos, yo no recuerdo una igual”, rememora el Pato con Animals!
Tan cierto es que ese partido los palos también ayudaron a Fillol (en ellos rebotaron un
tiro libre de Galletti y un penal de Carlos López), como que aquella atajada, aquellas
atajadas, dejaron a Estudiantes con las manos vacías y algo más. Será por eso que,
varios años después, Juan Ramón Verón todavía recuerda esa jugada: “Fue increíble: yo
cabeceé entre el penal y el área chica. En ese momento, Fillol no estaba. Había ido a
cubrir el primer palo. Y de repente, de la nada, apareció para sacar la pelota. Yo nunca
vi algo así, nadie me atajó una pelota de esa manera”, cuenta La Bruja, con mezcla de
asombro y resignación.
De todas maneras, jura que jamás felicitó al Pato por eso. “¡Qué lo voy a felicitar si nos
sacó el campeonato! Con ese gol éramos campeones. Ese día, encima, erramos un penal
y nos ganaron 1 a 0. Si entraba mi cabezazo tal vez otra era la historia”, asegura Verón
padre.
En definitiva, la última fecha también rompió esa ilusión: Estudiantes ya le había
ganado 2 a 0 a Temperley y River, a poco del final, empataba con Central en Rosario 1
a 1. Con ese resultado, el equipo que dirigía un joven Bilardo daba la vuelta. Pero sobre
la hora, en el minuto 89, la Pepona Reinaldi apareció otra vez. Así, los de Núñez
festejaron el título.
Fuente: Revista Animals!
miércoles, 20 de octubre de 2010
El León de América
“Estudiantes mata, el problema es que esta es nuestra primera experiencia en la Copa”,
decía cauteloso Osvaldo Juan Zubeldía en la tarde del 26 de enero de 1968, un día antes
del debut absoluto de Estudiantes, su equipo, en la Libertadores.
El campeón del Metropolitano 1967 había obtenido la clasificación en el memorable
subcampeonato invicto del reciente torneo Nacional. Independiente, vencedor de ese
certamen, era el otro representante argentino en la primera fase. El Racing de José
Pizzutti, último ganador de la Libertadores, recién se sumaría en las semifinales. Boca y
River, seguirían a Muñoz por radio.
En la calma de City Bell, un directivo le confesaba al diario La Prensa: “Nuestra
participación se adelantó un año, pensábamos jugar la Copa en 1969”.
Estudiantes integraba la Zona I con el Rojo, y los colombianos Deportivo Cali y
Millonarios. El primer match, tan emotivo como accidentado, fue en Avellaneda con el
arbitraje de Angel Coerezza. Los bravos de Zubeldía se impusieron por 4 a 2. Hubo de
todo: desde jugadas mal intencionadas hasta piñas y el saldo casi lógico de cuatro
expulsados (Verón y Conigliaro en Estudiantes y Acevedo y Urrizmendi en
Independiente).
El partido tuvo “una desagradable sucesión de errores” (La Prensa); “Estudiantes salió
con el claro objetivo de enturbiar el juego” y en el segundo tiempo “se mostró más
ofensivo”. Más allá de las innumerables polémicas, el León fue el justo ganador. Hizo
gala de su excelente preparación física, acondicionada hasta el milímetro por el profesor
Kistenmacher en extensa pretemporada en Necochea, y no perdonó cada vez que pudo
marcar (Echecopar, Ribaudo -2- y Verón).
El tucumano Aguirre Suárez se vio entreverado en la trifulca del segundo tiempo.
“Cuando entró Urrizmendi (por Murúa) me vino a provocar. Me preguntó si yo era el
capo del equipo”. Le pegó una trompada y Coerezza lo echó.
El partido fue un punto de inflexión. El Rojo era un equipazo: tenía a De la Mata,
Bernao, Artime y Tarabini, entre otros. Estudiantes lo superó con claridad.
Los de Zubeldía pasaron fácil esta primera ronda: ganaron todos los partidos, incluso el
de vuelta con Independiente, y sólo empataron con Millonarios de Colombia. Así,
clasificaron a la segunda fase (Grupo II) junto a los rojos y Universitario de Perú, una
instancia previa a las semifinales.
Cuando en Lima perdió 1 a 0 (gol de Lobatón), parecía que todo se derrumbaba, pero
concatenó tres triunfos al hilo (incluidos los dos encuentros con Independiente) y fue el
único clasificado. En el otro grupo, pasaron Peñarol y Palmeiras.
Las semifinales con Racing, como toda la Copa en sí, fueron de antología. Inolvidables.
En Avellaneda fue derrota 2-0 (Maschio y Perfumo), pero en La Plata se impuso por 3 a
0 (Verón -2- y Fucceneco). Fue en el famoso día de las supuestas alfileres de Bilardo a
Perfumo, una de las grandes leyendas del fútbol argentino. En la edición anterior,
entrevistado por Animals!, el Mariscal, hombre de códigos si los hay, prefirió no hablar
del tema: “Ese es un gran mito”, aseguró.
Como la diferencia de gol tenía una importancia relativa en ese entonces, se jugó un
tercer partido en cancha de River. Fue el 27 de abril. Ese día se produjo una de las
grandes injusticias de nuestro fútbol: no quedó grabada para la posteridad la impactante
chilena de Verón para clavar el 1 a 0 en tiempo suplementario. Si bien el Chango
Cárdenas empató cuando el partido se moría, el León se clasificó finalista porque en el
resultado global marcó un tanto más.
Parecía un cuento de hadas, hecho inédito hasta el momento, un equipo de los
considerados chicos subía hasta la cúspide del fútbol continental. Para la gloria eterna,
quedaba un paso más, quizás el más difícil, la final ante la impredecible Palmeiras
dirigido por el argentino, Alfredo González, que había puesto de rodillas al mismísimo
Peñarol con sucesivas victorias (1-0 en San Pablo y 2-1 en Uruguay).
El primer partido definitorio se jugó el 2 de mayo en 57 y 1, con graderías desbordadas
y un número en boletería de difícil parangón actual: 12.140.200 pesos.
El verde paulista tenía figuras de primer nivel y una disposición táctica que le movió la
estantería a Estudiantes. Una rareza para Zubeldía: lo llegó a descolocar. Jugaba con un
4-2-4, con dos delanteros centro, Servillo y la pesadilla de Tupazinho, más Suingue y
Rinaldo, que llegaban como loco por afuera. Para colmo, los centrales Baldochi y
Osmar parecían integrantes de los Globertroters, negros, altísimos y duros.
Estudiantes arrancó nervioso. En el primer tiempo el visitante ya ganaba 1 a 0, por un
gol de Servillo tras un pase de Suingue. El línea chileno Claudio Vicuña levantó al
bandera, pero el uruguayo Esteban Marino hizo caso omiso y convalidó la conquista.
Era off side, así lo demostró la foto precisa de El Gráfico, a escasez de telebeam.
Bien parado atrás, Palmeiras se defendía con uñas y dientes, y cuando podía metía una
contra. “Se acercaba el final y Estudiantes pugnaba sin desmayos por el empate” (La
Prensa). Su extraordinario fervor futbolístico, era insuficiente, hasta que Verón hizo el
gol de todos los tiempos y consumó la segunda gran injusticia copera: nunca más nadie
lo pudo ver por televisión. No queda registro alguno, salvo fotos, de esa perla sólo
comparable con el tanto de Maradona a los ingleses. También la Bruja zurda arrancó
desde la derecha, parado de ocho, cerca del banderín de la mitad de la cancha. Se
arqueó, se hamacó y en un conjuro de habilidad, velocidad y destreza sin igual se abrió
camino entre los recios Ferrari (el capitán), Adhemir y Osmar. Clavó el 1 a 1 en el arco
del Industrial. Iban 39 del segundo tiempo.
Ahí Estudiantes comenzó a cincelar su mística copera que atravesó el tiempo, cuando a
dos minutos del pitazo, Flores puso el 2 a 1. Había corajeado Pachamé por la izquierda,
con un centro-tiro al arco a ras del piso, que Conigliaro dejó pasar y el Bocha la metió
por el otro lado.
Se formó una caravana de 13 cuadras de autos en la avenida 7 para festejar. “Fue una
noche para la historia”, coincidieron los diarios de la época.
Pero todavía no estaban jugadas todas las cartas. La revancha, pautada para cinco días
después, en el Pacaembú de San Pablo era la última valla a saltar.
Decía Don Osvaldo, ya instalado en San Pablo, antes del partido: “Palmeiras es el
equipo más correcto que hayamos enfrentado hasta hoy”. Y Carlos Rodríguez Duval,
quien sigue deleitando con su pluma en el diario deportivo Olé, recordaba como enviado
especial de La Prensa a Brasil: “Hace 16 años, Zubeldía jugó aquí una gira invicta con
Vélez”.
El técnico tenía una duda, incluir o no a Togneri para controlar a Dudú, uno de los
motores del equipo, de gran partido en 57 y 1. Finalmente lo dejó en el banco (¿habrá
tomado cuenta de este hecho, cuando en la final con Manchester lo puso para hacerle
sombra a Bobby Charlton?). Además, cambió gran parte del sistema defensivo. Se cree
que fue por sugerencia de los jugadores. Flores fue encima de Dudú, Bilardo sobre
Adhemir Da Guía y Pachamé hizo las veces de líbero adelantado, sobre los cuatro del
fondo, con las bajas de los monolíticos tucumanos, Aguirre Suárez y Medina.
Estudiantes fue claramente superado, ante la desazón de los 4 mil hinchas (según
crónicas de la época) que viajaron hasta el Pacaembú, colmado ese día con unas 50 mil
personas.
Poletti se quedó parado ante un balazo de Tupazinho (tiro libre gol) y cuando Verón
empató a los 36 del primer tiempo (luego de un centro de Conigliaro), no lo merecía. Ya
le habían anulado una conquista a Servillo por posición adelantada, y sólo Madero
trataba de poner un poco de orden.
A tres minutos del final del primer tiempo, Tupazinho sacó provecho de un error de
Spadaro y adelantó al Palmeiras. “A Estudiantes se lo vio amilanado, nervioso y
trabado”, reflejaron las crónicas periodísticas.
En el complemento entró Togneri por el Bocha, en un cambio que llamó la atención,
porque Estudiantes necesitaba empatar. Rinaldo tuvo dos penales: el primero lo erró y el
segundo lo mandó a guardar.
“Cometimos errores garrafales. Con la vuelta de Aguirre Suárez y Medina será distinto.
Perdimos una batalla, pero no la guerra”, admitió y arengó Zubeldía.
En 7 y 50, donde se escuchó el relato por altavoces, hubo incidentes reportados en la
Comisaría Primera por “hinchas de Gimnasia que gritaban por el Palmeiras”, aún puede
leerse en La Prensa.
No había tiempo para lamentos. El presidente Mariano Mangano se movió rápido para
que primara la intención de Estudiantes de definir en Montevideo. Palmeiras quería
jugar en Chile, y otra posibilidad era Lima. El presidente de la Confederación
Sudamericana, Teófilo Salinas, se inclinó por Uruguay.
Estudiantes debía ganar para alzarse con la Copa. A igualdad en los 90 iniciales, se
jugarían dos tiempos suplementarios de 15 cada uno. De persistir el empate, Palmeiras
se coronaría campeón por mejor diferencia de gol en el resultado global (4 a 3). No
existía la definición por penales. Zubeldía lo sabía. Por eso, el sábado 11 el plantel
aterrizó en Montevideo. Se instaló en Los Pocitos, para planificar el choque del jueves
16. Palmeiras era favorito.
En La Plata ya se gestaba la movilización. Viajaron entre 25 mil y 30 mil hinchas a
Montevideo. Hasta el pitazo inicial del peruano César Orozco estaba la duda sobre a
quién apoyarían los uruguayos. Finalmente, se inclinaron por Estudiantes.
Don Osvaldo utilizó la disposición habitual de 4-3-3, pero para contrarrestar el
indescifrable 4-2-4, metió mano en el equipo. Aguirre Suárez y Medina adentro,
Spadaro y Fucceneco afuera. Ribaudo, con anginas, en duda hasta último momento. La
alternativa era Lavezzi. “Tengo que jugar sí o sí, el 16 mi hija cumple 3 años y le
prometí un gol y una muñeca”, decía Felipe.
Cacho Malbernat debía encimar a Rinaldo, Medina sobre Suingue y Pacha más
retrasado arriba de Servillo. Flores seguiría a Dudú. Bilardo, responsable de marcar a
Adhemir Da Guia, estaba exhausto por el trajín de partidos. El mismo lo reconoció un
día antes del encuentro decisivo. “Acabo de ver la película del choque en San Pablo, y
Adhemir sólo tuvo siete intervenciones: dos para tomar un saque lateral, otra para patear
desde lejos al arco luego de un rechazo mío; una vez quedó en off side y dio tres pases
cortos en la mitad de la cancha. Creo que no es tan importante”, declaró el Narigón,
obsesivo de antaño.
La última práctica, del miércoles, se centró en definiciones de cara al arco y terminó con
un partido informal con pelota de rugby.
Hasta último momento, la realización del partido estuvo en duda por un paro de los
empleados telefónicos uruguayos, que hizo peligrar todas las transmisiones
periodísticas.
Pero la pelota rodó y Estudiantes escribió su segunda página de gloria en 63 años de
historia. Su triunfo fue inobjetable, clarísimo. Ribaudo cumplió con su hija y con un
zurdazo clavó el 1 a 0 a los 15 minutos del primer tiempo. Poletti volvió a ser la figura
de siempre, Dudú fue bien controlado. Tupazinho no pudo hacer de las suyas y Medina
se calzó el traje de héroe cuando cortó un ataque y lo dejó solo a Verón, cara a cara con
Waldir. Fue el 2 a 0 final, a los 37 del primer tiempo. En el complemento pudo hacer
más goles, incluso Conigliaro estrelló un remate en el travesaño.
“Este es el triunfo de la fe, el triunfo del trabajo”, resumió sereno Don Osvaldo en el
vestuario. Fue uno de los primeros hitos del León de América.
Fuente: Revista Animals!
decía cauteloso Osvaldo Juan Zubeldía en la tarde del 26 de enero de 1968, un día antes
del debut absoluto de Estudiantes, su equipo, en la Libertadores.
El campeón del Metropolitano 1967 había obtenido la clasificación en el memorable
subcampeonato invicto del reciente torneo Nacional. Independiente, vencedor de ese
certamen, era el otro representante argentino en la primera fase. El Racing de José
Pizzutti, último ganador de la Libertadores, recién se sumaría en las semifinales. Boca y
River, seguirían a Muñoz por radio.
En la calma de City Bell, un directivo le confesaba al diario La Prensa: “Nuestra
participación se adelantó un año, pensábamos jugar la Copa en 1969”.
Estudiantes integraba la Zona I con el Rojo, y los colombianos Deportivo Cali y
Millonarios. El primer match, tan emotivo como accidentado, fue en Avellaneda con el
arbitraje de Angel Coerezza. Los bravos de Zubeldía se impusieron por 4 a 2. Hubo de
todo: desde jugadas mal intencionadas hasta piñas y el saldo casi lógico de cuatro
expulsados (Verón y Conigliaro en Estudiantes y Acevedo y Urrizmendi en
Independiente).
El partido tuvo “una desagradable sucesión de errores” (La Prensa); “Estudiantes salió
con el claro objetivo de enturbiar el juego” y en el segundo tiempo “se mostró más
ofensivo”. Más allá de las innumerables polémicas, el León fue el justo ganador. Hizo
gala de su excelente preparación física, acondicionada hasta el milímetro por el profesor
Kistenmacher en extensa pretemporada en Necochea, y no perdonó cada vez que pudo
marcar (Echecopar, Ribaudo -2- y Verón).
El tucumano Aguirre Suárez se vio entreverado en la trifulca del segundo tiempo.
“Cuando entró Urrizmendi (por Murúa) me vino a provocar. Me preguntó si yo era el
capo del equipo”. Le pegó una trompada y Coerezza lo echó.
El partido fue un punto de inflexión. El Rojo era un equipazo: tenía a De la Mata,
Bernao, Artime y Tarabini, entre otros. Estudiantes lo superó con claridad.
Los de Zubeldía pasaron fácil esta primera ronda: ganaron todos los partidos, incluso el
de vuelta con Independiente, y sólo empataron con Millonarios de Colombia. Así,
clasificaron a la segunda fase (Grupo II) junto a los rojos y Universitario de Perú, una
instancia previa a las semifinales.
Cuando en Lima perdió 1 a 0 (gol de Lobatón), parecía que todo se derrumbaba, pero
concatenó tres triunfos al hilo (incluidos los dos encuentros con Independiente) y fue el
único clasificado. En el otro grupo, pasaron Peñarol y Palmeiras.
Las semifinales con Racing, como toda la Copa en sí, fueron de antología. Inolvidables.
En Avellaneda fue derrota 2-0 (Maschio y Perfumo), pero en La Plata se impuso por 3 a
0 (Verón -2- y Fucceneco). Fue en el famoso día de las supuestas alfileres de Bilardo a
Perfumo, una de las grandes leyendas del fútbol argentino. En la edición anterior,
entrevistado por Animals!, el Mariscal, hombre de códigos si los hay, prefirió no hablar
del tema: “Ese es un gran mito”, aseguró.
Como la diferencia de gol tenía una importancia relativa en ese entonces, se jugó un
tercer partido en cancha de River. Fue el 27 de abril. Ese día se produjo una de las
grandes injusticias de nuestro fútbol: no quedó grabada para la posteridad la impactante
chilena de Verón para clavar el 1 a 0 en tiempo suplementario. Si bien el Chango
Cárdenas empató cuando el partido se moría, el León se clasificó finalista porque en el
resultado global marcó un tanto más.
Parecía un cuento de hadas, hecho inédito hasta el momento, un equipo de los
considerados chicos subía hasta la cúspide del fútbol continental. Para la gloria eterna,
quedaba un paso más, quizás el más difícil, la final ante la impredecible Palmeiras
dirigido por el argentino, Alfredo González, que había puesto de rodillas al mismísimo
Peñarol con sucesivas victorias (1-0 en San Pablo y 2-1 en Uruguay).
El primer partido definitorio se jugó el 2 de mayo en 57 y 1, con graderías desbordadas
y un número en boletería de difícil parangón actual: 12.140.200 pesos.
El verde paulista tenía figuras de primer nivel y una disposición táctica que le movió la
estantería a Estudiantes. Una rareza para Zubeldía: lo llegó a descolocar. Jugaba con un
4-2-4, con dos delanteros centro, Servillo y la pesadilla de Tupazinho, más Suingue y
Rinaldo, que llegaban como loco por afuera. Para colmo, los centrales Baldochi y
Osmar parecían integrantes de los Globertroters, negros, altísimos y duros.
Estudiantes arrancó nervioso. En el primer tiempo el visitante ya ganaba 1 a 0, por un
gol de Servillo tras un pase de Suingue. El línea chileno Claudio Vicuña levantó al
bandera, pero el uruguayo Esteban Marino hizo caso omiso y convalidó la conquista.
Era off side, así lo demostró la foto precisa de El Gráfico, a escasez de telebeam.
Bien parado atrás, Palmeiras se defendía con uñas y dientes, y cuando podía metía una
contra. “Se acercaba el final y Estudiantes pugnaba sin desmayos por el empate” (La
Prensa). Su extraordinario fervor futbolístico, era insuficiente, hasta que Verón hizo el
gol de todos los tiempos y consumó la segunda gran injusticia copera: nunca más nadie
lo pudo ver por televisión. No queda registro alguno, salvo fotos, de esa perla sólo
comparable con el tanto de Maradona a los ingleses. También la Bruja zurda arrancó
desde la derecha, parado de ocho, cerca del banderín de la mitad de la cancha. Se
arqueó, se hamacó y en un conjuro de habilidad, velocidad y destreza sin igual se abrió
camino entre los recios Ferrari (el capitán), Adhemir y Osmar. Clavó el 1 a 1 en el arco
del Industrial. Iban 39 del segundo tiempo.
Ahí Estudiantes comenzó a cincelar su mística copera que atravesó el tiempo, cuando a
dos minutos del pitazo, Flores puso el 2 a 1. Había corajeado Pachamé por la izquierda,
con un centro-tiro al arco a ras del piso, que Conigliaro dejó pasar y el Bocha la metió
por el otro lado.
Se formó una caravana de 13 cuadras de autos en la avenida 7 para festejar. “Fue una
noche para la historia”, coincidieron los diarios de la época.
Pero todavía no estaban jugadas todas las cartas. La revancha, pautada para cinco días
después, en el Pacaembú de San Pablo era la última valla a saltar.
Decía Don Osvaldo, ya instalado en San Pablo, antes del partido: “Palmeiras es el
equipo más correcto que hayamos enfrentado hasta hoy”. Y Carlos Rodríguez Duval,
quien sigue deleitando con su pluma en el diario deportivo Olé, recordaba como enviado
especial de La Prensa a Brasil: “Hace 16 años, Zubeldía jugó aquí una gira invicta con
Vélez”.
El técnico tenía una duda, incluir o no a Togneri para controlar a Dudú, uno de los
motores del equipo, de gran partido en 57 y 1. Finalmente lo dejó en el banco (¿habrá
tomado cuenta de este hecho, cuando en la final con Manchester lo puso para hacerle
sombra a Bobby Charlton?). Además, cambió gran parte del sistema defensivo. Se cree
que fue por sugerencia de los jugadores. Flores fue encima de Dudú, Bilardo sobre
Adhemir Da Guía y Pachamé hizo las veces de líbero adelantado, sobre los cuatro del
fondo, con las bajas de los monolíticos tucumanos, Aguirre Suárez y Medina.
Estudiantes fue claramente superado, ante la desazón de los 4 mil hinchas (según
crónicas de la época) que viajaron hasta el Pacaembú, colmado ese día con unas 50 mil
personas.
Poletti se quedó parado ante un balazo de Tupazinho (tiro libre gol) y cuando Verón
empató a los 36 del primer tiempo (luego de un centro de Conigliaro), no lo merecía. Ya
le habían anulado una conquista a Servillo por posición adelantada, y sólo Madero
trataba de poner un poco de orden.
A tres minutos del final del primer tiempo, Tupazinho sacó provecho de un error de
Spadaro y adelantó al Palmeiras. “A Estudiantes se lo vio amilanado, nervioso y
trabado”, reflejaron las crónicas periodísticas.
En el complemento entró Togneri por el Bocha, en un cambio que llamó la atención,
porque Estudiantes necesitaba empatar. Rinaldo tuvo dos penales: el primero lo erró y el
segundo lo mandó a guardar.
“Cometimos errores garrafales. Con la vuelta de Aguirre Suárez y Medina será distinto.
Perdimos una batalla, pero no la guerra”, admitió y arengó Zubeldía.
En 7 y 50, donde se escuchó el relato por altavoces, hubo incidentes reportados en la
Comisaría Primera por “hinchas de Gimnasia que gritaban por el Palmeiras”, aún puede
leerse en La Prensa.
No había tiempo para lamentos. El presidente Mariano Mangano se movió rápido para
que primara la intención de Estudiantes de definir en Montevideo. Palmeiras quería
jugar en Chile, y otra posibilidad era Lima. El presidente de la Confederación
Sudamericana, Teófilo Salinas, se inclinó por Uruguay.
Estudiantes debía ganar para alzarse con la Copa. A igualdad en los 90 iniciales, se
jugarían dos tiempos suplementarios de 15 cada uno. De persistir el empate, Palmeiras
se coronaría campeón por mejor diferencia de gol en el resultado global (4 a 3). No
existía la definición por penales. Zubeldía lo sabía. Por eso, el sábado 11 el plantel
aterrizó en Montevideo. Se instaló en Los Pocitos, para planificar el choque del jueves
16. Palmeiras era favorito.
En La Plata ya se gestaba la movilización. Viajaron entre 25 mil y 30 mil hinchas a
Montevideo. Hasta el pitazo inicial del peruano César Orozco estaba la duda sobre a
quién apoyarían los uruguayos. Finalmente, se inclinaron por Estudiantes.
Don Osvaldo utilizó la disposición habitual de 4-3-3, pero para contrarrestar el
indescifrable 4-2-4, metió mano en el equipo. Aguirre Suárez y Medina adentro,
Spadaro y Fucceneco afuera. Ribaudo, con anginas, en duda hasta último momento. La
alternativa era Lavezzi. “Tengo que jugar sí o sí, el 16 mi hija cumple 3 años y le
prometí un gol y una muñeca”, decía Felipe.
Cacho Malbernat debía encimar a Rinaldo, Medina sobre Suingue y Pacha más
retrasado arriba de Servillo. Flores seguiría a Dudú. Bilardo, responsable de marcar a
Adhemir Da Guia, estaba exhausto por el trajín de partidos. El mismo lo reconoció un
día antes del encuentro decisivo. “Acabo de ver la película del choque en San Pablo, y
Adhemir sólo tuvo siete intervenciones: dos para tomar un saque lateral, otra para patear
desde lejos al arco luego de un rechazo mío; una vez quedó en off side y dio tres pases
cortos en la mitad de la cancha. Creo que no es tan importante”, declaró el Narigón,
obsesivo de antaño.
La última práctica, del miércoles, se centró en definiciones de cara al arco y terminó con
un partido informal con pelota de rugby.
Hasta último momento, la realización del partido estuvo en duda por un paro de los
empleados telefónicos uruguayos, que hizo peligrar todas las transmisiones
periodísticas.
Pero la pelota rodó y Estudiantes escribió su segunda página de gloria en 63 años de
historia. Su triunfo fue inobjetable, clarísimo. Ribaudo cumplió con su hija y con un
zurdazo clavó el 1 a 0 a los 15 minutos del primer tiempo. Poletti volvió a ser la figura
de siempre, Dudú fue bien controlado. Tupazinho no pudo hacer de las suyas y Medina
se calzó el traje de héroe cuando cortó un ataque y lo dejó solo a Verón, cara a cara con
Waldir. Fue el 2 a 0 final, a los 37 del primer tiempo. En el complemento pudo hacer
más goles, incluso Conigliaro estrelló un remate en el travesaño.
“Este es el triunfo de la fe, el triunfo del trabajo”, resumió sereno Don Osvaldo en el
vestuario. Fue uno de los primeros hitos del León de América.
Fuente: Revista Animals!
martes, 19 de octubre de 2010
1967: El primer campeonato
Parafraseando a Víctor Hugo Morales, en 1967 Estudiantes no fue campeón por los
imponderables del fútbol. La primera estrella bordada en oro en la camiseta se consiguió
al cabo de una campaña brillante, memorable. Junto a Independiente fue el equipo que
menos goles recibió en la fase regular (15), el que más puntos logró (29, junto a Racing)
y el que ganó los dos partidos decisivos en la etapa final. Durante el campeonato
metropolitano, divido en dos zonas de once equipos cada una, le quitó al invicto al súper
Racing de Pizzutti campeón del mundo, de dos años jugando como local, el 2 de abril
por 2 a 1 con goles de Conigliaro y Verón. A la Academia le ganó los tres encuentros
del año, final incluida.
Recuerde una perlita: ese partido de abril con Racing en Avellaneda fue expulsado
Pachamé a los 43 minutos del primer tiempo por agredir a Bilardo, su compañero, quien
le recriminó verbalmente por una jugada. Declaró el doctor después del partido: “Todos
entramos nerviosos a la cancha y esa tensión se mantuvo a lo largo del partido. No
tomábamos las marcas como se había convenido y había algunos problemas.
Naturalmente, yo le hice una observación a Pachamé para corregir esa situación. Se
vino de lejos, me tomó del brazo y enérgicamente me dijo: ‘callate la boca’. El juez
creyó otra cosa y lo expulsó. Pero no me pegó como se dijo por ahí, sólo me zamarreó.
Somos grandes amigos, salimos a pescar juntos”. (La Razón, 4 de abril de 1967.)
Ese Estudiantes del 67 derrotó también a Boca, en la primera rueda, con un gol de
antología en los últimos 60 segundos de Echecopar. Fue 1 a 0 y tapa de El Gráfico del
28 de marzo. Juvenal calificó al tanto como un “poema”. Fue más o menos así:
Conigliaro le metió un pelotazo que el de Pergamino guapeó ante Marzolini, luego
frenó en seco y lo hizo pasar de largo. Cara a cara con Minoián lo desparramó por el
piso, con gambeta hacia la izquierda y volvió a dejar en ridículo a Marzolini. Clavó el 1-
0 con el arco vacío, a los ’89. El Gráfico lo dio como figura: 8 puntos. Se jugó en 57 y 1
con $ 4.368.300 de recaudación.
No se enfrentó con River (sexto), ni con Independiente (segundo), que estaban en la otra
zona, pero se anotó un gran triunfo en el clásico ante Gimnasia por 3 a 0, sobre todo
porque fue en la maratónica semana del desenlace, el martes 1º de agosto. Para el diario
El Día, pudo ser más amplio el marcador a favor Estudiantes, cuya figura (según este
medio) fue Pachamé. “Las muerde todas, las quiere todas, las agarra todas”, dijo de él
en la calificación individual, aunque en ese momento no ponía puntajes. Escribió
Mercurio, emblemática pluma futbolera de la ciudad: “De repente, empezó a deshacer a
Gimnasia un hombre dominador, que eclipsaba a todo el estadio con su luminosidad.
Era Pachamé. Viéndolo desplazarse en el lodo parecía superar la ley de la gravedad…”
El título de ese artículo fue “El mejor laborío del año”.
El Lobo, séptimo en la zona B y afuera del futuro Nacional (los únicos partidos que se
cruzaban eran los clásicos), terminó con dos menos porque Nimo le mostró la roja a
Rosl y Segovia esa tarde de fangosa cancha en 57 y 1.
Esta formación de Estudiantes, que a las 48 horas debía enfrentar a Platense (delantera
más goleadora con 40 y con más partidos ganados de la serie regular, 13) fue monolítica
y sumamente regular. Don Osvaldo apenas usó a 18 jugadores, incluido el arquero
suplente Mario Gabriel Flores, que siempre salió al campo de juego pero que no entró
nunca. Tuvieron asistencia perfecta: Poletti, Aguirre Suárez, Malbernat, Bilardo,
Conigliaro y Echecopar. Poco jugó el Bocha Flores (8), y mucho menos Hugo Mateos
(2), capitán de la tercera que mata, y Luis Zibecchi (1).
Contó con otro valor agregado, prácticamente todos se conocían de memoria. El único
nuevo para esta campaña fue Felipe Ribaudo, que había llegado al Club en trueque por
Miguel Angel López. Los demás ya llevaban tiempo: Madero, adquirido a Boca en
1964, y Barale, Bilardo, Spadaro y Conigliaro en 1965. El equipo sacó el 78% de los
puntos en disputa.
Para La Nación, “Estudiantes fue un cabal campeón”. En uno de sus artículos, tras
vencer 3 a 0 a Racing en la final, todavía se puede leer. “Estudiantes de La Plata, el
magnífico y contundente vencedor y bizarro campeón del Metropolitano, salvó, y con
mucho, la desnivelada índole de las fuerzas, porque fue la suya una tarea en punto a
calidad y eficacia, digna de un equipo sólido, y cuyo fútbol, práctico, trabajado, veloz y
vigoroso, cobra un sitio preferencial de primer plano”. Aseguró también que en el
partido decisivo hubo un solo equipo, en relación a los 11 del León.
Como contra Gimnasia, esa inolvidable tarde en el Gasómetro, con récord de
recaudación, dirigió Nimo. Estudiantes lo apabulló al Racing de José, pero recién en el
complemento sacó la ventaja en el marcador. Madero, de tiro libre, luego de que la
pelota pegara en el palo y en el arquero Spilinga, anotó el 1-0. Verón, tras un pase de
Echecopar, el segundo, y Ribaudo (entró por Bedogni, lesionado con Platense) mandó a
la red una bordada combinación entre Conigliaro y Verón para completar el marcador.
“La superioridad fue abrumadora”, declaró Zubeldía en un vestuario eufórico, mientras
reconocía que “en cierto modo defraudé a Manera, porque le había dicho que de llegar a
la final jugaría. Pero pasó que después del triunfo que habían alcanzado los muchachos
ante Platense, no podía tocar, de ninguna forma, a quienes habían logrado una hazaña. Y
tampoco quise mover posiciones a toda la defensa para hacerlo jugar en lugar de
Spadaro (entró por Barale, lesionado durante el partido con Platense)”.
Tituló El Día: “Estudiantes logró para La Plata el máximo galardón futbolístico. En
hazañosa jornada batió a Rácing (con tilde) por 3 tantos a 0”. Para La Razón “fue
indiscutible el éxito de los platenses”.
“Estudiantes campeón! El suceso del año para la ciudad que no durmió el sábado para
estar bien temprano ocupando las gradas añejas del Gasómetro sanlorencista. Y
batiendo, como un gigante sin cuentos, al campeonísimo Racing”, deleitó Mercurio con
su pluma coloquial.
“Parece un cuento de hadas –abundó en su columna de El Día-, que una entidad chica
haya logrado al fin el galardón supremo. (…) Esa tranquilidad unitiva y feliz de ir
ganando, tener un respaldo mayoritario absoluto en el estadio; esta tranquilidad de
saberse fuerte, pudo hacerle vivir a la postre a la ciudad, su día más soñado (…)
Estudiantes –fértil en recursos como nunca- demolió a Racing en esos 45 minutos, hasta
barrerlo de la grana, dicho sea sin intención oscura”.
Así se escribió, hace 40 años, la primera página de gloria eterna para Estudiantes. No
fue la única, ni la última.
Fuente: Revista Animals!
imponderables del fútbol. La primera estrella bordada en oro en la camiseta se consiguió
al cabo de una campaña brillante, memorable. Junto a Independiente fue el equipo que
menos goles recibió en la fase regular (15), el que más puntos logró (29, junto a Racing)
y el que ganó los dos partidos decisivos en la etapa final. Durante el campeonato
metropolitano, divido en dos zonas de once equipos cada una, le quitó al invicto al súper
Racing de Pizzutti campeón del mundo, de dos años jugando como local, el 2 de abril
por 2 a 1 con goles de Conigliaro y Verón. A la Academia le ganó los tres encuentros
del año, final incluida.
Recuerde una perlita: ese partido de abril con Racing en Avellaneda fue expulsado
Pachamé a los 43 minutos del primer tiempo por agredir a Bilardo, su compañero, quien
le recriminó verbalmente por una jugada. Declaró el doctor después del partido: “Todos
entramos nerviosos a la cancha y esa tensión se mantuvo a lo largo del partido. No
tomábamos las marcas como se había convenido y había algunos problemas.
Naturalmente, yo le hice una observación a Pachamé para corregir esa situación. Se
vino de lejos, me tomó del brazo y enérgicamente me dijo: ‘callate la boca’. El juez
creyó otra cosa y lo expulsó. Pero no me pegó como se dijo por ahí, sólo me zamarreó.
Somos grandes amigos, salimos a pescar juntos”. (La Razón, 4 de abril de 1967.)
Ese Estudiantes del 67 derrotó también a Boca, en la primera rueda, con un gol de
antología en los últimos 60 segundos de Echecopar. Fue 1 a 0 y tapa de El Gráfico del
28 de marzo. Juvenal calificó al tanto como un “poema”. Fue más o menos así:
Conigliaro le metió un pelotazo que el de Pergamino guapeó ante Marzolini, luego
frenó en seco y lo hizo pasar de largo. Cara a cara con Minoián lo desparramó por el
piso, con gambeta hacia la izquierda y volvió a dejar en ridículo a Marzolini. Clavó el 1-
0 con el arco vacío, a los ’89. El Gráfico lo dio como figura: 8 puntos. Se jugó en 57 y 1
con $ 4.368.300 de recaudación.
No se enfrentó con River (sexto), ni con Independiente (segundo), que estaban en la otra
zona, pero se anotó un gran triunfo en el clásico ante Gimnasia por 3 a 0, sobre todo
porque fue en la maratónica semana del desenlace, el martes 1º de agosto. Para el diario
El Día, pudo ser más amplio el marcador a favor Estudiantes, cuya figura (según este
medio) fue Pachamé. “Las muerde todas, las quiere todas, las agarra todas”, dijo de él
en la calificación individual, aunque en ese momento no ponía puntajes. Escribió
Mercurio, emblemática pluma futbolera de la ciudad: “De repente, empezó a deshacer a
Gimnasia un hombre dominador, que eclipsaba a todo el estadio con su luminosidad.
Era Pachamé. Viéndolo desplazarse en el lodo parecía superar la ley de la gravedad…”
El título de ese artículo fue “El mejor laborío del año”.
El Lobo, séptimo en la zona B y afuera del futuro Nacional (los únicos partidos que se
cruzaban eran los clásicos), terminó con dos menos porque Nimo le mostró la roja a
Rosl y Segovia esa tarde de fangosa cancha en 57 y 1.
Esta formación de Estudiantes, que a las 48 horas debía enfrentar a Platense (delantera
más goleadora con 40 y con más partidos ganados de la serie regular, 13) fue monolítica
y sumamente regular. Don Osvaldo apenas usó a 18 jugadores, incluido el arquero
suplente Mario Gabriel Flores, que siempre salió al campo de juego pero que no entró
nunca. Tuvieron asistencia perfecta: Poletti, Aguirre Suárez, Malbernat, Bilardo,
Conigliaro y Echecopar. Poco jugó el Bocha Flores (8), y mucho menos Hugo Mateos
(2), capitán de la tercera que mata, y Luis Zibecchi (1).
Contó con otro valor agregado, prácticamente todos se conocían de memoria. El único
nuevo para esta campaña fue Felipe Ribaudo, que había llegado al Club en trueque por
Miguel Angel López. Los demás ya llevaban tiempo: Madero, adquirido a Boca en
1964, y Barale, Bilardo, Spadaro y Conigliaro en 1965. El equipo sacó el 78% de los
puntos en disputa.
Para La Nación, “Estudiantes fue un cabal campeón”. En uno de sus artículos, tras
vencer 3 a 0 a Racing en la final, todavía se puede leer. “Estudiantes de La Plata, el
magnífico y contundente vencedor y bizarro campeón del Metropolitano, salvó, y con
mucho, la desnivelada índole de las fuerzas, porque fue la suya una tarea en punto a
calidad y eficacia, digna de un equipo sólido, y cuyo fútbol, práctico, trabajado, veloz y
vigoroso, cobra un sitio preferencial de primer plano”. Aseguró también que en el
partido decisivo hubo un solo equipo, en relación a los 11 del León.
Como contra Gimnasia, esa inolvidable tarde en el Gasómetro, con récord de
recaudación, dirigió Nimo. Estudiantes lo apabulló al Racing de José, pero recién en el
complemento sacó la ventaja en el marcador. Madero, de tiro libre, luego de que la
pelota pegara en el palo y en el arquero Spilinga, anotó el 1-0. Verón, tras un pase de
Echecopar, el segundo, y Ribaudo (entró por Bedogni, lesionado con Platense) mandó a
la red una bordada combinación entre Conigliaro y Verón para completar el marcador.
“La superioridad fue abrumadora”, declaró Zubeldía en un vestuario eufórico, mientras
reconocía que “en cierto modo defraudé a Manera, porque le había dicho que de llegar a
la final jugaría. Pero pasó que después del triunfo que habían alcanzado los muchachos
ante Platense, no podía tocar, de ninguna forma, a quienes habían logrado una hazaña. Y
tampoco quise mover posiciones a toda la defensa para hacerlo jugar en lugar de
Spadaro (entró por Barale, lesionado durante el partido con Platense)”.
Tituló El Día: “Estudiantes logró para La Plata el máximo galardón futbolístico. En
hazañosa jornada batió a Rácing (con tilde) por 3 tantos a 0”. Para La Razón “fue
indiscutible el éxito de los platenses”.
“Estudiantes campeón! El suceso del año para la ciudad que no durmió el sábado para
estar bien temprano ocupando las gradas añejas del Gasómetro sanlorencista. Y
batiendo, como un gigante sin cuentos, al campeonísimo Racing”, deleitó Mercurio con
su pluma coloquial.
“Parece un cuento de hadas –abundó en su columna de El Día-, que una entidad chica
haya logrado al fin el galardón supremo. (…) Esa tranquilidad unitiva y feliz de ir
ganando, tener un respaldo mayoritario absoluto en el estadio; esta tranquilidad de
saberse fuerte, pudo hacerle vivir a la postre a la ciudad, su día más soñado (…)
Estudiantes –fértil en recursos como nunca- demolió a Racing en esos 45 minutos, hasta
barrerlo de la grana, dicho sea sin intención oscura”.
Así se escribió, hace 40 años, la primera página de gloria eterna para Estudiantes. No
fue la única, ni la última.
Fuente: Revista Animals!
lunes, 18 de octubre de 2010
El 4 a 3 a Platense
-Dijo La Prensa: “Fue notable la reacción de Estudiantes de La Plata, que perdía por 3 a
1 jugando con 10 hombres. Desniveló un partido en circunstancias tan desfavorables
derrochando fervor y entusiasmo. (…) El triunfo de Estudiantes no admite reparos,
seguramente será recordado por los aficionados por su ritmo y calidad”.
-Destacó La Nación: “Fue toda una proeza. Una lucha intensa que sólo cesó cuando el
cansancio y la nerviosidad minaron los músculos del perdedor, un score, que con sus
alternativas, puso una nota inusitada en el espectáculo y la levantada de un equipo que
se iriguió (sic) victorioso a despecho de su inferioridad numérica, jerarquizando la
primera de las semifinales del campeonato metropolitano de fútbol y certificando que no
en vano Estudiantes y Platense habían ganado tamaño derecho.” (…) “El vencedor
supo, ante la adversidad, armarse de paciencia para explotar los errores de su adversario,
que se desesperó hasta olvidar por completo todos los caminos al gol”.
-Reflexionó La Razón, en primera persona: “Todos estábamos emocionados y con la
piel de gallina… La enloquecida tribuna de Estudiantes seguía vociferando su sueño
hecho realidad, los hinchas de Platense se quedaron para aplaudir a los 22 jugadores, los
protagonistas ya estaban en los vestuarios, y nosotros queríamos grabar en nuestras
retinas esa fiesta de vigor, de destreza, de fútbol, de entereza, de emociones pocas veces
vista. Para recordar la intensidad y dramatismo de esos noventa minutos deberíamos
escarbar profundamente en nuestra memoria y quizás encontraríamos pocos paralelos.
El fútbol de 1967, realizado por dos equipos ‘chicos’, con el espíritu del fútbol de todos
los tiempos, nos obligó a pensar en la injusticia de un ausentismo de público que sigue
apoyándose en las ‘vedettes’, aunque éstas no respondan casi nunca a ese fervor popular
volcado tras ella”.
-Escribió José María Suárez en el diario El Día, bajo el título “Bien de hombres”: “La
calle Florida –a dos cuadras del hotel- ve pasar con asombro –entiendo que por primera
vez- a unos muchachos cantando ‘Pincharratas, los guapos de La Plata’. Son los que
hicieron la promesa de retornar a pie a nuestra ciudad si Estudiantes ganaba. Deben
estar llegando a la sede. No son locos, es buena gente. Entre ellos va uno de Gimnasia.
Créalo, yo lo conozco”.
Estas letras llenaron de tinta las páginas hoy amarillentas y crujientes de los diarios del
viernes 4 y sábado 5 de agosto de 1967. El jueves 3 Estudiantes había ganado el partido
más importante de su historia, en una noche épica e inigualable en la Bombonera ante el
Platense de Labruna por 4 a 3.
Se le han colocado a ese encuentro calificativos del más diverso calibre e impacto. No
es para menos, ya pasaron 40 años. Y con el derrotero del tiempo, se sabe, la leyenda se
agiganta. Comentario al margen: ninguno es exagerado.
No sabían los periodistas que ese día fueron a La Boca lo que vendría después. Por eso
nadie se animó a escribirlo. Con los resultados en la mano, con una mayor cosmovisión,
alejada de la inmediatez, hoy nadie puede dudar de que ese match fue la bisagra del
Club. Hasta los de Platense así lo entienden, basta con echarle un vistazo a varios de sus
sitios partidarios, para darse cuenta de la magnitud que tuvo esa semifinal. Y de la
herida que es difícil de cerrar. Para colmo, el marrón de Vicente López nunca tuvo
revancha.
Antes de repasar la crónica de aquel partido, transmitido de generación en generación,
pero con detalles que a veces se pierden en el camino, son necesarias algunas
consideraciones muchas veces desatendidas.
Estudiantes se había clasificado segundo, pero con los mismos puntos (29), detrás de
Racing en la zona A del campeonato. Y Platense primero en la B, con 28, delante de
Independiente.
Había que definir en cancha neutral, a cara de perro en un solo partido el pasaje a la
final. Estudiantes, hasta ahora sin títulos, con el recuerdo de Los Profesores y de aquel
equipo de los ’40, ya había sorprendido en la fase inicial con su juego sólido, efectivo y
por momentos lujoso. Gran parte de la prensa de aquellos días así lo destacaban. Era un
equipo simpático, por decirlo de alguna manera, al igual que Platense.
Manera, lesionado, era baja. El martes 1º Estudiantes había ganado 3 a 0 el clásico y las
piernas ya tenían su huella. ¿Cómo es eso de que no se puede jugar dos veces por
semana? Anote otro dato para considerar: la pelota, medias y botines eran más pesados
que ahora, y no existía ninguno de los suplementos vitamínicos actuales.
A jugar entonces. Madero de cinco clásico y Henry Barale, esa noche capitán, en la
cueva con Aguirre Suárez, Malbernat en lugar de Manera y Pachamé de tres. Recién se
estaban acomodando cuando Conigliaro metió la cabeza para abrir el marcador. Pero
Lavezzi, en contra furibunda, y Bulla, tras una exquisita maniobra individual, dieron
vuelta el score. Se venía la noche para el bravío León de Zubeldía: Barale, lesionado en
la pierna derecha, dejaba el campo de juego. Unos menos porque no había cambios. Fue
parejo hasta el entretiempo, incluso Verón pudo empatar cuando se lo perdió sólo frente
al arquero a los 41’.
Nuevamente Bulla, pero esta vez en una acción colectiva, puso el 3 a 1 en los albores
del segundo tiempo. La suerte parecía sellada. ¿Quién iba a jugarle un peso, en ese
momento, a Estudiantes? Sólo un loco. Pero no estaba para Romero la Bruja Verón
cuando voló de palomita para acortar distancia, a los 9. Seis minutos más tarde
comenzaba a escribirse el milagro. Bilardo empató de zurda (golazo) tras una pared con
Conigliaro en el arco del Riachuelo, donde estaba la gente de Estudiantes. “No hay
dudas, era una tarde de milagros”, remarcó El Gráfico en la edición de esa semana.
Obvio: Bilardo no era ducho en el arte de inflar redes enemigas, y menos de esa manera.
A los 18’ el hecho más polémico. “El arquero Hurt detuvo una pelota sin ningún
peligro. Cuando se disponía a jugarla, fue molestado lícitamente por Bilardo, y el
arquero de Platense no encontró mejor recurso que aplicarle un puntapié. El árbitro
(Coerezza) se encontraba a sólo 2 metros del lugar de la infracción, por lo que no dudó
en sancionar el correspondiente penal”, valoró La Prensa.
Distinta fue la opinión de La Nación de esa jugada que pasó a la historia. (…) “Acaso lo
único que desentonó sea la forma en que se sustanció el gol de la victoria: un tiro penal
provocado por la reacción de Hurt ante una carga de Bilardo”.
Para La Razón, “fue un penal infantil, que hasta pudo merecer la expulsión del
arquero”.
Madero, frialdad pura, se hizo cargo con un tiro a la izquierda de Hurt, quien fue hacia
el costado opuesto. Poletti y Pachamé también tuvieron mucho que ver en esta hazaña.
El arquero, en una corrida sensacional salió casi 40 metros para taparle el gol a Medina;
Pacha salvó sobre la línea con el arco libre cuando estaba 1-3 y el uno le sacó un remate
a quemarropa a Muggione.
Fue heroico también el aguante. “Aguirre Suárez se batió contra sus rivales en un
llamativo espíritu de lucha”, destacan los mismos diarios, que dieron como figuras a
Pachamé, Madero, Malbernat, Echecopar y Bilardo.
Fue un partido para la historia, el partido que cambió la historia.
Fuente: Revista Animals!
1 jugando con 10 hombres. Desniveló un partido en circunstancias tan desfavorables
derrochando fervor y entusiasmo. (…) El triunfo de Estudiantes no admite reparos,
seguramente será recordado por los aficionados por su ritmo y calidad”.
-Destacó La Nación: “Fue toda una proeza. Una lucha intensa que sólo cesó cuando el
cansancio y la nerviosidad minaron los músculos del perdedor, un score, que con sus
alternativas, puso una nota inusitada en el espectáculo y la levantada de un equipo que
se iriguió (sic) victorioso a despecho de su inferioridad numérica, jerarquizando la
primera de las semifinales del campeonato metropolitano de fútbol y certificando que no
en vano Estudiantes y Platense habían ganado tamaño derecho.” (…) “El vencedor
supo, ante la adversidad, armarse de paciencia para explotar los errores de su adversario,
que se desesperó hasta olvidar por completo todos los caminos al gol”.
-Reflexionó La Razón, en primera persona: “Todos estábamos emocionados y con la
piel de gallina… La enloquecida tribuna de Estudiantes seguía vociferando su sueño
hecho realidad, los hinchas de Platense se quedaron para aplaudir a los 22 jugadores, los
protagonistas ya estaban en los vestuarios, y nosotros queríamos grabar en nuestras
retinas esa fiesta de vigor, de destreza, de fútbol, de entereza, de emociones pocas veces
vista. Para recordar la intensidad y dramatismo de esos noventa minutos deberíamos
escarbar profundamente en nuestra memoria y quizás encontraríamos pocos paralelos.
El fútbol de 1967, realizado por dos equipos ‘chicos’, con el espíritu del fútbol de todos
los tiempos, nos obligó a pensar en la injusticia de un ausentismo de público que sigue
apoyándose en las ‘vedettes’, aunque éstas no respondan casi nunca a ese fervor popular
volcado tras ella”.
-Escribió José María Suárez en el diario El Día, bajo el título “Bien de hombres”: “La
calle Florida –a dos cuadras del hotel- ve pasar con asombro –entiendo que por primera
vez- a unos muchachos cantando ‘Pincharratas, los guapos de La Plata’. Son los que
hicieron la promesa de retornar a pie a nuestra ciudad si Estudiantes ganaba. Deben
estar llegando a la sede. No son locos, es buena gente. Entre ellos va uno de Gimnasia.
Créalo, yo lo conozco”.
Estas letras llenaron de tinta las páginas hoy amarillentas y crujientes de los diarios del
viernes 4 y sábado 5 de agosto de 1967. El jueves 3 Estudiantes había ganado el partido
más importante de su historia, en una noche épica e inigualable en la Bombonera ante el
Platense de Labruna por 4 a 3.
Se le han colocado a ese encuentro calificativos del más diverso calibre e impacto. No
es para menos, ya pasaron 40 años. Y con el derrotero del tiempo, se sabe, la leyenda se
agiganta. Comentario al margen: ninguno es exagerado.
No sabían los periodistas que ese día fueron a La Boca lo que vendría después. Por eso
nadie se animó a escribirlo. Con los resultados en la mano, con una mayor cosmovisión,
alejada de la inmediatez, hoy nadie puede dudar de que ese match fue la bisagra del
Club. Hasta los de Platense así lo entienden, basta con echarle un vistazo a varios de sus
sitios partidarios, para darse cuenta de la magnitud que tuvo esa semifinal. Y de la
herida que es difícil de cerrar. Para colmo, el marrón de Vicente López nunca tuvo
revancha.
Antes de repasar la crónica de aquel partido, transmitido de generación en generación,
pero con detalles que a veces se pierden en el camino, son necesarias algunas
consideraciones muchas veces desatendidas.
Estudiantes se había clasificado segundo, pero con los mismos puntos (29), detrás de
Racing en la zona A del campeonato. Y Platense primero en la B, con 28, delante de
Independiente.
Había que definir en cancha neutral, a cara de perro en un solo partido el pasaje a la
final. Estudiantes, hasta ahora sin títulos, con el recuerdo de Los Profesores y de aquel
equipo de los ’40, ya había sorprendido en la fase inicial con su juego sólido, efectivo y
por momentos lujoso. Gran parte de la prensa de aquellos días así lo destacaban. Era un
equipo simpático, por decirlo de alguna manera, al igual que Platense.
Manera, lesionado, era baja. El martes 1º Estudiantes había ganado 3 a 0 el clásico y las
piernas ya tenían su huella. ¿Cómo es eso de que no se puede jugar dos veces por
semana? Anote otro dato para considerar: la pelota, medias y botines eran más pesados
que ahora, y no existía ninguno de los suplementos vitamínicos actuales.
A jugar entonces. Madero de cinco clásico y Henry Barale, esa noche capitán, en la
cueva con Aguirre Suárez, Malbernat en lugar de Manera y Pachamé de tres. Recién se
estaban acomodando cuando Conigliaro metió la cabeza para abrir el marcador. Pero
Lavezzi, en contra furibunda, y Bulla, tras una exquisita maniobra individual, dieron
vuelta el score. Se venía la noche para el bravío León de Zubeldía: Barale, lesionado en
la pierna derecha, dejaba el campo de juego. Unos menos porque no había cambios. Fue
parejo hasta el entretiempo, incluso Verón pudo empatar cuando se lo perdió sólo frente
al arquero a los 41’.
Nuevamente Bulla, pero esta vez en una acción colectiva, puso el 3 a 1 en los albores
del segundo tiempo. La suerte parecía sellada. ¿Quién iba a jugarle un peso, en ese
momento, a Estudiantes? Sólo un loco. Pero no estaba para Romero la Bruja Verón
cuando voló de palomita para acortar distancia, a los 9. Seis minutos más tarde
comenzaba a escribirse el milagro. Bilardo empató de zurda (golazo) tras una pared con
Conigliaro en el arco del Riachuelo, donde estaba la gente de Estudiantes. “No hay
dudas, era una tarde de milagros”, remarcó El Gráfico en la edición de esa semana.
Obvio: Bilardo no era ducho en el arte de inflar redes enemigas, y menos de esa manera.
A los 18’ el hecho más polémico. “El arquero Hurt detuvo una pelota sin ningún
peligro. Cuando se disponía a jugarla, fue molestado lícitamente por Bilardo, y el
arquero de Platense no encontró mejor recurso que aplicarle un puntapié. El árbitro
(Coerezza) se encontraba a sólo 2 metros del lugar de la infracción, por lo que no dudó
en sancionar el correspondiente penal”, valoró La Prensa.
Distinta fue la opinión de La Nación de esa jugada que pasó a la historia. (…) “Acaso lo
único que desentonó sea la forma en que se sustanció el gol de la victoria: un tiro penal
provocado por la reacción de Hurt ante una carga de Bilardo”.
Para La Razón, “fue un penal infantil, que hasta pudo merecer la expulsión del
arquero”.
Madero, frialdad pura, se hizo cargo con un tiro a la izquierda de Hurt, quien fue hacia
el costado opuesto. Poletti y Pachamé también tuvieron mucho que ver en esta hazaña.
El arquero, en una corrida sensacional salió casi 40 metros para taparle el gol a Medina;
Pacha salvó sobre la línea con el arco libre cuando estaba 1-3 y el uno le sacó un remate
a quemarropa a Muggione.
Fue heroico también el aguante. “Aguirre Suárez se batió contra sus rivales en un
llamativo espíritu de lucha”, destacan los mismos diarios, que dieron como figuras a
Pachamé, Madero, Malbernat, Echecopar y Bilardo.
Fue un partido para la historia, el partido que cambió la historia.
Fuente: Revista Animals!
sábado, 16 de octubre de 2010
Llega Zubeldía
La vida no sería vida y el fútbol no sería fútbol sin la gravitación de lo contingente, de
lo casual, de lo azaroso. No configura una excepción, por cierto, el Estudiantes campeón
Metropolitano 1967 y luego campeón de América, campeón Intercontinental, campeón
Interamericano, campeón de todo.
Desandemos el camino apoyados en el diario El Día: el 10 de enero de 1965 informa
que "Victorio Spinetto sería el nuevo DT de Estudiantes", el 12 refiere que Spinetto
estuvo en La Plata y convino un salario de 100 mil pesos mensuales, pero el 13 anoticia
a la grey pincharrata de que el sucesor de Cacho Aldabe es Osvaldo Zubeldía, que el 14
declara que no cree en milagros ("sí en el trabajo"), el 16 firma contrato y el 19 dirige el
primer entrenamiento. ¿Por qué Zubeldía y no Spinetto? Porque aun en abrumadora
minoría el presidente Mariano Mangano batalló por una corazonada: que en ese joven
entrenador juninense, de verba sencilla y apegado al pizarrón, pulsaba el embrión de
una etapa de extraordinaria fecundidad. Gloriosa.
Prosigamos: no llega nadie de la lista de refuerzos originaria. Los arqueros Errea,
Traverso y Toriani, los defensores Mansuetto y Ditro, los volantes Rulli, Pando,
Maidana, Ornad y Borgogno, los delanteros Obberti, Veglio y San Lorenzo.
(Contingencia lateral: el pampeano Rulli, ex Pincha, decide quedarse en Racing y en
Racing hará historia con El Equipo de José).
Llegan, eso sí, Poletti y Manera de Sacachispas, Echecopar de Tráfico Old Boys de
Pergamino, Spadaro de Sarmiento, Tato Medina de Central Tucumán, Santiago de
Independiente, Conigliaro de Chacarita y Bilardo de Deportivo Español. Contingencias
primordiales: Conigliaro está a punto de pasar a Central pero impensadamente el club
rosarino desiste y le deja el camino expedito a Estudiantes. Bilardo está con un pie en
Argentinos pero terminó optando por Estudiantes. ¿Por qué? Porque supone que como
en uno u otro caso se irá el descenso es preferible ponerse a salvo de la hostilidad de sus
vecinos de La Paternal.
Ahora vayamos a 1967 propiamente dicho. La mañana del primer entrenamiento
Zubeldía reúne al plantel y trata de convencerlo de que el equipo está maduro para
ganar el Metropolitano. "Nos mirábamos entre nosotros sin entender demasiado, como
creyendo que Osvaldo se había vuelto loco" (Conigliaro dixit). Entretanto, una mitad de
la hinchada del Pincha se contenta con disfrutar de las delicias de las terceras que arma
Ignomiriello y la otra mitad hostiga a Zubeldía y a unos cuantos jugadores. A Poletti por
excéntrico ("un flaco mal vestido"), a Manera porque "se va al ataque y no vuelve", a
Aguirre Suárez por "animal", a Bilardo por "intrascendente", a Conigliaro por
"atolondrado", a Verón por "miedoso". Para peor Osvaldo ejecuta un par de decisiones
polémicas. Se desprende del Zurdo López a cambio de Ribaudo, lo cual visto a la
distancia, en efecto, tenía toda la cara de una insensatez: López era un 2 o un 5 exquisito
y Ribaudo un wing otoñal con más voluntad que luces. La otra decisión levanta más
polvareda: se deshace del fino y pensante Santiago y le cede la camiseta número 8 a
Bilardo, que había llegado como un delantero veloz y con gol.
Pues bien. Lo contingente (aquello que puede suceder o no suceder) recorre todo ese
Metropolitano y llega a su punto cúlmine en los tres partidos que sellan el título. Un
equipo con poco gol le mete tres a Gimnasia y se gana un lugar en las semifinales.
Contra Platense juega Pachamé de marcador de punta, y la lesión de Barale, amén de
añadirle un ingrediente épico a la remontada del 1-3, permite que Madero se quede con
la cueva hasta el día mismo de su retiro. Hasta entonces Pacha y el Doctor se alternaban
en la función de volante central. Más: Ribaudo, que había jugado poco o nada, es titular
en la final contra Racing y se manda uno de los mejores partidos de su vida. Asistencia
a Verón en el segundo gol y certera definición en el tercero. Y Verón, ya que estamos,
convierte en cada uno de esos tres partidos y muta de miedoso a intocable. Esto es: el
mismo muchacho al que unos pocos días antes Zubeldía exiliaba sobre la franja de la
calle uno, porque los cráneos de la techada lo torturaban urgiéndolo a "meter la patita",
pues ese muchacho deviene en la medida de todas las maravillas, y tanto se lo cree, y
tanto tiene con qué creérselo, que se cuecen a fuego lento sus hechizos coperos.
El colmo de las contingencias, o el colmo de las curiosidades: ese equipo que se quedó
con el primer Metropolitano y entre gesta y gesta asombró en Old Trafford, y fue objeto
de furiosos "Animals!", ese equipo al que más de cuatro bienpensantes sindicaron como
la tumba del buen gusto, ese mismo equipo había promovido, en 1966, la siguiente
reflexión de un periodista de la revista El Gráfico: "Estudiantes abusa del fulbito".
Fuente: Revista Animals!
lo casual, de lo azaroso. No configura una excepción, por cierto, el Estudiantes campeón
Metropolitano 1967 y luego campeón de América, campeón Intercontinental, campeón
Interamericano, campeón de todo.
Desandemos el camino apoyados en el diario El Día: el 10 de enero de 1965 informa
que "Victorio Spinetto sería el nuevo DT de Estudiantes", el 12 refiere que Spinetto
estuvo en La Plata y convino un salario de 100 mil pesos mensuales, pero el 13 anoticia
a la grey pincharrata de que el sucesor de Cacho Aldabe es Osvaldo Zubeldía, que el 14
declara que no cree en milagros ("sí en el trabajo"), el 16 firma contrato y el 19 dirige el
primer entrenamiento. ¿Por qué Zubeldía y no Spinetto? Porque aun en abrumadora
minoría el presidente Mariano Mangano batalló por una corazonada: que en ese joven
entrenador juninense, de verba sencilla y apegado al pizarrón, pulsaba el embrión de
una etapa de extraordinaria fecundidad. Gloriosa.
Prosigamos: no llega nadie de la lista de refuerzos originaria. Los arqueros Errea,
Traverso y Toriani, los defensores Mansuetto y Ditro, los volantes Rulli, Pando,
Maidana, Ornad y Borgogno, los delanteros Obberti, Veglio y San Lorenzo.
(Contingencia lateral: el pampeano Rulli, ex Pincha, decide quedarse en Racing y en
Racing hará historia con El Equipo de José).
Llegan, eso sí, Poletti y Manera de Sacachispas, Echecopar de Tráfico Old Boys de
Pergamino, Spadaro de Sarmiento, Tato Medina de Central Tucumán, Santiago de
Independiente, Conigliaro de Chacarita y Bilardo de Deportivo Español. Contingencias
primordiales: Conigliaro está a punto de pasar a Central pero impensadamente el club
rosarino desiste y le deja el camino expedito a Estudiantes. Bilardo está con un pie en
Argentinos pero terminó optando por Estudiantes. ¿Por qué? Porque supone que como
en uno u otro caso se irá el descenso es preferible ponerse a salvo de la hostilidad de sus
vecinos de La Paternal.
Ahora vayamos a 1967 propiamente dicho. La mañana del primer entrenamiento
Zubeldía reúne al plantel y trata de convencerlo de que el equipo está maduro para
ganar el Metropolitano. "Nos mirábamos entre nosotros sin entender demasiado, como
creyendo que Osvaldo se había vuelto loco" (Conigliaro dixit). Entretanto, una mitad de
la hinchada del Pincha se contenta con disfrutar de las delicias de las terceras que arma
Ignomiriello y la otra mitad hostiga a Zubeldía y a unos cuantos jugadores. A Poletti por
excéntrico ("un flaco mal vestido"), a Manera porque "se va al ataque y no vuelve", a
Aguirre Suárez por "animal", a Bilardo por "intrascendente", a Conigliaro por
"atolondrado", a Verón por "miedoso". Para peor Osvaldo ejecuta un par de decisiones
polémicas. Se desprende del Zurdo López a cambio de Ribaudo, lo cual visto a la
distancia, en efecto, tenía toda la cara de una insensatez: López era un 2 o un 5 exquisito
y Ribaudo un wing otoñal con más voluntad que luces. La otra decisión levanta más
polvareda: se deshace del fino y pensante Santiago y le cede la camiseta número 8 a
Bilardo, que había llegado como un delantero veloz y con gol.
Pues bien. Lo contingente (aquello que puede suceder o no suceder) recorre todo ese
Metropolitano y llega a su punto cúlmine en los tres partidos que sellan el título. Un
equipo con poco gol le mete tres a Gimnasia y se gana un lugar en las semifinales.
Contra Platense juega Pachamé de marcador de punta, y la lesión de Barale, amén de
añadirle un ingrediente épico a la remontada del 1-3, permite que Madero se quede con
la cueva hasta el día mismo de su retiro. Hasta entonces Pacha y el Doctor se alternaban
en la función de volante central. Más: Ribaudo, que había jugado poco o nada, es titular
en la final contra Racing y se manda uno de los mejores partidos de su vida. Asistencia
a Verón en el segundo gol y certera definición en el tercero. Y Verón, ya que estamos,
convierte en cada uno de esos tres partidos y muta de miedoso a intocable. Esto es: el
mismo muchacho al que unos pocos días antes Zubeldía exiliaba sobre la franja de la
calle uno, porque los cráneos de la techada lo torturaban urgiéndolo a "meter la patita",
pues ese muchacho deviene en la medida de todas las maravillas, y tanto se lo cree, y
tanto tiene con qué creérselo, que se cuecen a fuego lento sus hechizos coperos.
El colmo de las contingencias, o el colmo de las curiosidades: ese equipo que se quedó
con el primer Metropolitano y entre gesta y gesta asombró en Old Trafford, y fue objeto
de furiosos "Animals!", ese equipo al que más de cuatro bienpensantes sindicaron como
la tumba del buen gusto, ese mismo equipo había promovido, en 1966, la siguiente
reflexión de un periodista de la revista El Gráfico: "Estudiantes abusa del fulbito".
Fuente: Revista Animals!
viernes, 15 de octubre de 2010
¡Guarda!: Patea Pelegrina
Pateaba tan fuerte que hasta en la tribuna se asustaban. El Payo (Manuel Gregorio
Pelegrina decía su DNI) era un bravo de la raya y una verdadera rareza para la época de
los árbitros ingleses, el fútbol duro y áspero y goles sólo para los presentes. Rareza
porque siendo wing de antaño y zurdo cerrado, fue un goleador implacable,
extraordinario, irrepetible. Tan goleador fue que su nombre está marcado a fuego entre
los cuatro máximos artillero del fóbal argentino (detrás de Arsenio Erico, Angel
Labruna y Herminio Masantonio). Y en su figura se concentran dos plusmarcas de
Estudiantes: es el capo cannonieri de la historia, con 235 goles, y también el que más
jugó con la camiseta roja y blanca que antes lucieron Los Profesores y luego los
campeones del mundo de Zubeldía.
Aunque para el tablón y gran parte de los memoriosos-historiadores del Club, Abel
Ernesto Herrera ostente el récord de presencias, hay un dato concluyente que derriba esa
creencia: El Payo jugó 489 partidos entre Primera A y B contra 482 de Tití.
Prácticamente todas las estadísticas no le computan los matchs en la segunda categoría
del fútbol argentino, la que disputó con Estudiantes durante el ascenso en. “Los partidos
de la B son oficiales, por eso hay que sumárselos”, afirma a Animals! el profesor Adrián
Echeverria, director de la Futbolteca Albirroja “Horacio Ferreti” que atesora la historia
de Estudiantes y de sus hombres. El número (489) surge de “soportes documentales” de
El Día, La Nación y las revistas El Gráfico y Goles que Echeverria recopiló con
minuciosidad de coleccionista.
Si no se tienen en cuenta los encuentros de la B (en ese entonces Segunda División),
Pelegrina llegó a 461 y a 221 goles en Estudiantes. Este es el registro que consta en el
Diccionario Enciclopédico del Fútbol que editó Olé, el cual omite los partidos en el
ascenso.
Más allá de la frialdad de los números, y de la polémica que de estos pueda surgir,
existe un hecho insoslayable y contrastable a la vez: Pelegrina es uno de los más
grandes de todos los tiempos.
Nació el 29 de noviembre de 1919 en San Vicente, un apacible pueblito cordobés,
donde ya pateaba de lo lindo en el Club Lavalle local y en el seleccionado mediterráneo.
Rosario Central y Estudiantes le echaron el ojo rápidamente. Luego de una intensa
disputa, el Pincha se quedó con su zurda tremebunda a fines de la década del ’30. Había
que reemplazar al Indio Guaita, crack de Los Profesores, y este cordobés prometedor
venía a ocupar ese vacío. Y vaya si lo ocupó.
Debutó en 1938 en un partido ante Almagro (victoria 3 a 0 de visitante) y al año
siguiente, su primera temporada completa, hizo 17 goles en 31 partidos.
Tan zurdo y potente como burrero, Payo no largó nunca la Primera durante 14 años
consecutivos hasta 1952, cuando pasó por una sola temporada a Huracán (29 partidos,
10 goles) en días de intervención peronista.
Fue compañero de muchos de los más grandes del balompié albirrojo. Jugó al lado de
Angel Ricardo Laferrara (1,10 goles por partido, 86 en 78 encuentros), centrofoward de
excepción, y luego del gigante Beto Infante (180 goles en 329 partidos albirrojos), acaso
el 9 más destacado en 102 años de historia pincha.
Compartió delanteras con otros excelsos del fóbal, como Fortunato Desagastizábal, el
Loco Gagliardo y Pichón Negri; y equipos con Violini, Ferretti, Ongaro, Ogando, Villa
y Bouché, entre muchos otros que escribieron páginas doradas de este deporte.
Dijo de él Infante: “cuando se perfilaba, ya sabía que el arquero no la iba a poder
agarrar. Yo iba tranquilo, tomaba el rebote y la mandaba a guardar. Así me cansé de
hacer goles”.
Decían en el tablón de aquellos días que pararse frente a un zurdazo de El Payo era lo
más parecido a enfrentar a un pelotón de fusilamiento. Sí, tenía un cañón. “Uhh, pateaba
como una mula”, exclama aún hoy el gran Beto, a los 83 años con hijos y nietos pinchas
de pura cepa.
Mire si fue genial lo de Pelegrina que es el wing izquierdo con más goles en 78 años de
profesionalismo. Seguramente, con un fútbol remozado y globalizado como el actual,
nadie lo podrá superar jamás.
Dos curiosidades: como todos los de su generación no salió campeón con Estudiantes
(dio la vuelta en la Copa Adrián Escobar en 1944 y fue tercero con un equipazo en 1948
en el torneo oficial). Dice la leyenda popular que hasta los árbitros ingleses apagaban
incendios a favor de los equipos grandes en esos días. Tampoco fue goleador de
ninguna temporada, como sí lo fueron Letanú, Calderón, Farías o Pavone años más
tarde. Hay atenuantes, ya que en los domingos de entonces también deleitaban Erico,
Labruna y Masantonio.
Aunque jugó en la Selección (4 partidos, 2 goles entre 1942 y 1945), nunca llegó a
brillar; delante de él estaba el Chueco Enrique García, emblema de Racing entre 1936 y
1944, para muchos el mejor puntero izquierdo que dio Argentina. Y Félix Loustau,
estrella de La Máquina multicampeona de River, y luego de paso fugaz por Estudiantes.
Para tener en cuenta: Loustau hizo 101 goles en 374 partidos entre 1942 y 1958 y El
Chueco 78 en 232 cotejos.
Payo le dijo alguna vez al diario El Día: “El fútbol no me dio mucha plata. Estudiantes
pasaba una etapa mala económicamente y llegábamos a fin de año con, tal vez, seis
meses de atraso en los sueldos. Dejé de jugar a los 33 años, pero podría haber seguido
un poco más. El problema es que no cobrábamos nunca, aunque eso no me quitó las
alegrías vividas”.
Colgó los botines en 1956 en Estudiantes, aunque luego jugó algunos partidos para
Cambaceres (en la C) por expreso pedido de Alberto Zozaya, técnico del momento.
Murió el 23 de noviembre de 1992 a causa de una pulmonía en La Plata, la ciudad que
adoptó como propia.
Dejó otras marcas que nunca fueron superadas: es el máximo artillero en la historia de
los clásicos con 11 goles y el séptimo anotador de penales de todos los tiempos, con 37
tantos en 46 ejecuciones (80,4% de efectividad), detrás de Babington, Passarella,
Alonso, Rocchia, Brindisi y Sanfilippo.
Si en ese entonces hubiese existido el telebeam de Macaya Márquez, seguramente hoy
tendría otro récord.
Fuente: Revista Animals!
Pelegrina decía su DNI) era un bravo de la raya y una verdadera rareza para la época de
los árbitros ingleses, el fútbol duro y áspero y goles sólo para los presentes. Rareza
porque siendo wing de antaño y zurdo cerrado, fue un goleador implacable,
extraordinario, irrepetible. Tan goleador fue que su nombre está marcado a fuego entre
los cuatro máximos artillero del fóbal argentino (detrás de Arsenio Erico, Angel
Labruna y Herminio Masantonio). Y en su figura se concentran dos plusmarcas de
Estudiantes: es el capo cannonieri de la historia, con 235 goles, y también el que más
jugó con la camiseta roja y blanca que antes lucieron Los Profesores y luego los
campeones del mundo de Zubeldía.
Aunque para el tablón y gran parte de los memoriosos-historiadores del Club, Abel
Ernesto Herrera ostente el récord de presencias, hay un dato concluyente que derriba esa
creencia: El Payo jugó 489 partidos entre Primera A y B contra 482 de Tití.
Prácticamente todas las estadísticas no le computan los matchs en la segunda categoría
del fútbol argentino, la que disputó con Estudiantes durante el ascenso en. “Los partidos
de la B son oficiales, por eso hay que sumárselos”, afirma a Animals! el profesor Adrián
Echeverria, director de la Futbolteca Albirroja “Horacio Ferreti” que atesora la historia
de Estudiantes y de sus hombres. El número (489) surge de “soportes documentales” de
El Día, La Nación y las revistas El Gráfico y Goles que Echeverria recopiló con
minuciosidad de coleccionista.
Si no se tienen en cuenta los encuentros de la B (en ese entonces Segunda División),
Pelegrina llegó a 461 y a 221 goles en Estudiantes. Este es el registro que consta en el
Diccionario Enciclopédico del Fútbol que editó Olé, el cual omite los partidos en el
ascenso.
Más allá de la frialdad de los números, y de la polémica que de estos pueda surgir,
existe un hecho insoslayable y contrastable a la vez: Pelegrina es uno de los más
grandes de todos los tiempos.
Nació el 29 de noviembre de 1919 en San Vicente, un apacible pueblito cordobés,
donde ya pateaba de lo lindo en el Club Lavalle local y en el seleccionado mediterráneo.
Rosario Central y Estudiantes le echaron el ojo rápidamente. Luego de una intensa
disputa, el Pincha se quedó con su zurda tremebunda a fines de la década del ’30. Había
que reemplazar al Indio Guaita, crack de Los Profesores, y este cordobés prometedor
venía a ocupar ese vacío. Y vaya si lo ocupó.
Debutó en 1938 en un partido ante Almagro (victoria 3 a 0 de visitante) y al año
siguiente, su primera temporada completa, hizo 17 goles en 31 partidos.
Tan zurdo y potente como burrero, Payo no largó nunca la Primera durante 14 años
consecutivos hasta 1952, cuando pasó por una sola temporada a Huracán (29 partidos,
10 goles) en días de intervención peronista.
Fue compañero de muchos de los más grandes del balompié albirrojo. Jugó al lado de
Angel Ricardo Laferrara (1,10 goles por partido, 86 en 78 encuentros), centrofoward de
excepción, y luego del gigante Beto Infante (180 goles en 329 partidos albirrojos), acaso
el 9 más destacado en 102 años de historia pincha.
Compartió delanteras con otros excelsos del fóbal, como Fortunato Desagastizábal, el
Loco Gagliardo y Pichón Negri; y equipos con Violini, Ferretti, Ongaro, Ogando, Villa
y Bouché, entre muchos otros que escribieron páginas doradas de este deporte.
Dijo de él Infante: “cuando se perfilaba, ya sabía que el arquero no la iba a poder
agarrar. Yo iba tranquilo, tomaba el rebote y la mandaba a guardar. Así me cansé de
hacer goles”.
Decían en el tablón de aquellos días que pararse frente a un zurdazo de El Payo era lo
más parecido a enfrentar a un pelotón de fusilamiento. Sí, tenía un cañón. “Uhh, pateaba
como una mula”, exclama aún hoy el gran Beto, a los 83 años con hijos y nietos pinchas
de pura cepa.
Mire si fue genial lo de Pelegrina que es el wing izquierdo con más goles en 78 años de
profesionalismo. Seguramente, con un fútbol remozado y globalizado como el actual,
nadie lo podrá superar jamás.
Dos curiosidades: como todos los de su generación no salió campeón con Estudiantes
(dio la vuelta en la Copa Adrián Escobar en 1944 y fue tercero con un equipazo en 1948
en el torneo oficial). Dice la leyenda popular que hasta los árbitros ingleses apagaban
incendios a favor de los equipos grandes en esos días. Tampoco fue goleador de
ninguna temporada, como sí lo fueron Letanú, Calderón, Farías o Pavone años más
tarde. Hay atenuantes, ya que en los domingos de entonces también deleitaban Erico,
Labruna y Masantonio.
Aunque jugó en la Selección (4 partidos, 2 goles entre 1942 y 1945), nunca llegó a
brillar; delante de él estaba el Chueco Enrique García, emblema de Racing entre 1936 y
1944, para muchos el mejor puntero izquierdo que dio Argentina. Y Félix Loustau,
estrella de La Máquina multicampeona de River, y luego de paso fugaz por Estudiantes.
Para tener en cuenta: Loustau hizo 101 goles en 374 partidos entre 1942 y 1958 y El
Chueco 78 en 232 cotejos.
Payo le dijo alguna vez al diario El Día: “El fútbol no me dio mucha plata. Estudiantes
pasaba una etapa mala económicamente y llegábamos a fin de año con, tal vez, seis
meses de atraso en los sueldos. Dejé de jugar a los 33 años, pero podría haber seguido
un poco más. El problema es que no cobrábamos nunca, aunque eso no me quitó las
alegrías vividas”.
Colgó los botines en 1956 en Estudiantes, aunque luego jugó algunos partidos para
Cambaceres (en la C) por expreso pedido de Alberto Zozaya, técnico del momento.
Murió el 23 de noviembre de 1992 a causa de una pulmonía en La Plata, la ciudad que
adoptó como propia.
Dejó otras marcas que nunca fueron superadas: es el máximo artillero en la historia de
los clásicos con 11 goles y el séptimo anotador de penales de todos los tiempos, con 37
tantos en 46 ejecuciones (80,4% de efectividad), detrás de Babington, Passarella,
Alonso, Rocchia, Brindisi y Sanfilippo.
Si en ese entonces hubiese existido el telebeam de Macaya Márquez, seguramente hoy
tendría otro récord.
Fuente: Revista Animals!
jueves, 14 de octubre de 2010
Los 40: Beto y el Payo
"Ni fácil ni difícil es explicarlo, sería indispensable haberlo visto”, escribió El Día. El
tiempo verbal es apropiado: el partido no fue grabado para la televisión en ciernes. Los
únicos testigos fueron unas 20 mil personas, según la crónica del mismo medio, muchas
de las cuales ya no viven para desafiar el concepto inicial.
Lo que se perdieron la mayoría de los mortales fue un gol de leyenda, el 19 de
septiembre de 1948, cuando Ricardo Roberto Infante, crack irrepetible y artillero
infalible, pasó el pie derecho por detrás de la pierna izquierda para entrarle de lleno a la
pelota, sin pararla, y clavarla en el ángulo izquierdo del arquero Pedro Botazzi, el uno
de Rosario Central. ¿Golazo? Imposible de limitar en un solo adjetivo. Para el score fue
el 3 a 0 final, para la historia una bisagra. Esa tarde, en 57 y 1 por la vigésimo primera
fecha del torneo de Primera División, nació la rabona. Eran días de árbitros ingleses,
con Estudiantes peleando arriba (estaba cuarto, a dos puntos de los líderes
Independiente, Racing y River).
“¿Cómo hizo? ¿Qué hizo? Eso tiene que llamarse de algún modo, ¿Será taquito,
hachita? ¿Será un nudo o serán cuentos? ¡Llámelo gol de Infante, nomás!”, se preguntan
y contestan los personajes de la historieta que acompañaba la crónica central de cada
partido en El Día. El fotógrafo de la misma, tirado en el piso, le pide al goleador “No
mueva las piernas. Esta foto estará en todos los diccionarios”. Y dos hinchas al lado
pretenden: “Tenemos que pedirle al intendente que le ponga el nombre de Infante a la
calle 1”.
Si de árbitros se trata, Miguel Padrón, argentino que dirigió en esa jornada, convalidó el
gol y luego fue a felicitarlo. Lo mismo hizo el batido arquero.
N.N. del fútbol hasta ese entonces, El Gráfico se encargó de identificar la jugada.
Caricaturizó al Beto, vestido de alumno, con el título “El Infante que se hizo la rabona”.
Hoy, a los 83 años, Don Beto ríe. “No fue así, yo ese día no me escapé del colegio”.
Había pasado por las aulas de la 11, frente al Parque Saavedra, su barrio de la infancia,
donde jugaba para Casa Barco. Fino, sutil y certero para definir, de purrete nomás llamó
la atención de Alberto Mocho Viola, half derecho de Los Profesores del 30, y DT de la
Primera en cuatro etapas distintas. “Fue el mejor técnico que tuve”, diría después.
“Me vino a buscar a casa, pensé que mi Viejo (Antonio) me iba a matar. El era fanático
de Gimnasia. Pero no, lo recibió con orgullo. ‘Llévelo Mocho, llévelo’, le dijo”,
recuerda hoy Infante, segundo máximo goleador de la historia de Estudiantes (detrás de
Pelegrina) con 180 tantos en 329 partidos jugados durante quince años, y sexto en la
tabla histórica del fútbol argentino.
Saltó a la Primera del León en 1942, donde jugó diez temporadas seguidas, hasta que
fue a Huracán porque el gobierno peronista intervino el Club y disolvió el equipo.
“Mi padre iba a siempre a la cancha, pero sólo gritaba mis goles. Creo que no alentaba,
es que era un tripero viejo”, repasa este delantero de área que integró muchos de los
equipos más lujosos de la historia pincha. Fue compañero de Pelegrina (“me cansé de
hacer goles de rebote, ya sabía que cuando él se perfilaba para pegarle de zurda, el
arquero no la iba a poder agarrar. Tenía un cañón”); del Loco Gagliardo, Pichón Negri
(“uno de los mejores jugadores que vi en mi vida”), Ogando (“un arquerazo,
fenomenal”); Luis Villa y Alberto Bouché (“los dos eran un lujo”) Fortunato
Desagastizábal, Ongaro y otros grandes de la época dorada del fútbol argentino. Ganó
con Estudiantes la Copa Adrián Escobar, en 1944, y peleó varios campeonatos con ese
equipazo del ’40. Comentario al margen: el Club algún día debería darle el sitial que se
merece a esa formación, injustamente olvidada.
En el 52 marcó el tanto de la victoria 1 a 0 ante España en Barcelona, con la Selección
argentina. E integró el plantel que fue al Mundial de Suecia en 1958.
En Huracán hizo 31 goles en 94 partidos entre 1953 y 1956. Volvió a Estudiantes, hasta
1960. “Había pensado en retirarme, pero (Laureano) Durán, el presidente de Gimnasia,
que me había hecho una gauchada muy grande, me pidió: ‘Beto, no me juega un año.
Cómo no, doctor’, le respondí”. Fueron 16 partidos y 6 goles en 1961 y una de las
mayores alegrías de su Viejo, que lo pudo ver con los colores de sus amores. En total,
439 partidos y 217 goles.
¿Qué recuerda del gol de hachita?, quiso saber Animals! “La pelota me llegó muy
rápida, con mucha fuerza. No me dio tiempo para rematar comúnmente (sic), entonces
hice eso. Ojo, también lo había intentado en otra oportunidad, pero no me había salido.
El balón salió cruzado, entró a la izquierda, por arriba del arquero. Después del partido
me llevaba en andas, no paraban de saludarme…”
La jugada se había iniciado con un furibundo remate de Gagliardo que devolvió el palo
del arco de la calle 57. Como venía, Beto la empalmó con ese engendro de remate. Para
Clarín fue un gol “a lo Pavlova”, célebre bailarina rusa. En su edición del martes 21, en
una producción con Infante de impecable traje y corbata, El Día destacó que fue “una
joya cuyo fulgores resplandecerán en el devenir del tiempo, con brillos permanentes.
¡Mala suerte la de los ausentes!”. Cuanta razón tenía.
Fuente: Revista Animals!
tiempo verbal es apropiado: el partido no fue grabado para la televisión en ciernes. Los
únicos testigos fueron unas 20 mil personas, según la crónica del mismo medio, muchas
de las cuales ya no viven para desafiar el concepto inicial.
Lo que se perdieron la mayoría de los mortales fue un gol de leyenda, el 19 de
septiembre de 1948, cuando Ricardo Roberto Infante, crack irrepetible y artillero
infalible, pasó el pie derecho por detrás de la pierna izquierda para entrarle de lleno a la
pelota, sin pararla, y clavarla en el ángulo izquierdo del arquero Pedro Botazzi, el uno
de Rosario Central. ¿Golazo? Imposible de limitar en un solo adjetivo. Para el score fue
el 3 a 0 final, para la historia una bisagra. Esa tarde, en 57 y 1 por la vigésimo primera
fecha del torneo de Primera División, nació la rabona. Eran días de árbitros ingleses,
con Estudiantes peleando arriba (estaba cuarto, a dos puntos de los líderes
Independiente, Racing y River).
“¿Cómo hizo? ¿Qué hizo? Eso tiene que llamarse de algún modo, ¿Será taquito,
hachita? ¿Será un nudo o serán cuentos? ¡Llámelo gol de Infante, nomás!”, se preguntan
y contestan los personajes de la historieta que acompañaba la crónica central de cada
partido en El Día. El fotógrafo de la misma, tirado en el piso, le pide al goleador “No
mueva las piernas. Esta foto estará en todos los diccionarios”. Y dos hinchas al lado
pretenden: “Tenemos que pedirle al intendente que le ponga el nombre de Infante a la
calle 1”.
Si de árbitros se trata, Miguel Padrón, argentino que dirigió en esa jornada, convalidó el
gol y luego fue a felicitarlo. Lo mismo hizo el batido arquero.
N.N. del fútbol hasta ese entonces, El Gráfico se encargó de identificar la jugada.
Caricaturizó al Beto, vestido de alumno, con el título “El Infante que se hizo la rabona”.
Hoy, a los 83 años, Don Beto ríe. “No fue así, yo ese día no me escapé del colegio”.
Había pasado por las aulas de la 11, frente al Parque Saavedra, su barrio de la infancia,
donde jugaba para Casa Barco. Fino, sutil y certero para definir, de purrete nomás llamó
la atención de Alberto Mocho Viola, half derecho de Los Profesores del 30, y DT de la
Primera en cuatro etapas distintas. “Fue el mejor técnico que tuve”, diría después.
“Me vino a buscar a casa, pensé que mi Viejo (Antonio) me iba a matar. El era fanático
de Gimnasia. Pero no, lo recibió con orgullo. ‘Llévelo Mocho, llévelo’, le dijo”,
recuerda hoy Infante, segundo máximo goleador de la historia de Estudiantes (detrás de
Pelegrina) con 180 tantos en 329 partidos jugados durante quince años, y sexto en la
tabla histórica del fútbol argentino.
Saltó a la Primera del León en 1942, donde jugó diez temporadas seguidas, hasta que
fue a Huracán porque el gobierno peronista intervino el Club y disolvió el equipo.
“Mi padre iba a siempre a la cancha, pero sólo gritaba mis goles. Creo que no alentaba,
es que era un tripero viejo”, repasa este delantero de área que integró muchos de los
equipos más lujosos de la historia pincha. Fue compañero de Pelegrina (“me cansé de
hacer goles de rebote, ya sabía que cuando él se perfilaba para pegarle de zurda, el
arquero no la iba a poder agarrar. Tenía un cañón”); del Loco Gagliardo, Pichón Negri
(“uno de los mejores jugadores que vi en mi vida”), Ogando (“un arquerazo,
fenomenal”); Luis Villa y Alberto Bouché (“los dos eran un lujo”) Fortunato
Desagastizábal, Ongaro y otros grandes de la época dorada del fútbol argentino. Ganó
con Estudiantes la Copa Adrián Escobar, en 1944, y peleó varios campeonatos con ese
equipazo del ’40. Comentario al margen: el Club algún día debería darle el sitial que se
merece a esa formación, injustamente olvidada.
En el 52 marcó el tanto de la victoria 1 a 0 ante España en Barcelona, con la Selección
argentina. E integró el plantel que fue al Mundial de Suecia en 1958.
En Huracán hizo 31 goles en 94 partidos entre 1953 y 1956. Volvió a Estudiantes, hasta
1960. “Había pensado en retirarme, pero (Laureano) Durán, el presidente de Gimnasia,
que me había hecho una gauchada muy grande, me pidió: ‘Beto, no me juega un año.
Cómo no, doctor’, le respondí”. Fueron 16 partidos y 6 goles en 1961 y una de las
mayores alegrías de su Viejo, que lo pudo ver con los colores de sus amores. En total,
439 partidos y 217 goles.
¿Qué recuerda del gol de hachita?, quiso saber Animals! “La pelota me llegó muy
rápida, con mucha fuerza. No me dio tiempo para rematar comúnmente (sic), entonces
hice eso. Ojo, también lo había intentado en otra oportunidad, pero no me había salido.
El balón salió cruzado, entró a la izquierda, por arriba del arquero. Después del partido
me llevaba en andas, no paraban de saludarme…”
La jugada se había iniciado con un furibundo remate de Gagliardo que devolvió el palo
del arco de la calle 57. Como venía, Beto la empalmó con ese engendro de remate. Para
Clarín fue un gol “a lo Pavlova”, célebre bailarina rusa. En su edición del martes 21, en
una producción con Infante de impecable traje y corbata, El Día destacó que fue “una
joya cuyo fulgores resplandecerán en el devenir del tiempo, con brillos permanentes.
¡Mala suerte la de los ausentes!”. Cuanta razón tenía.
Fuente: Revista Animals!
martes, 28 de septiembre de 2010
Hechos destacados en la historia del club
Estadísticas de la era profesional (1931-2010)
• Es uno de los siete únicos equipos del fútbol argentino en haber ganado la Copa Libertadores de América y el tercero que más veces la obtuvo después de Independiente y Boca Juniors.
• Es el cuarto club del fútbol argentino que más finales de torneos internacionales disputó (12), siendo superado por Boca Juniors, Independiente y River Plate.
• Es el séptimo club argentino en superar la barrera de los 1.000 triunfos en la historia de la Primera División del fútbol argentino. Además de Estudiantes, sólo Vélez Sarsfield y los llamados cinco grandes pudieron alcanzar esta marca hasta el momento.
• Es el club de los no denominados cinco grandes con mayor permanencia en la Primera División, la máxima categoría del fútbol argentino. Ocupa el quinto puesto de presencias, superando a Racing Club.
• Es uno de los dos únicos equipos del fútbol argentino, el otro es Huracán, en haber contado en su plantel con un entrenador que se consagró campeón de Primera División en el club y en una Copa del Mundo con la Selección Argentina: Carlos Bilardo, campeón como director técnico, con Estudiantes, en el Metropolitano 1982; y con el Seleccionado nacional, en México 1986.
• Cuatro de los quince máximos goleadores de la historia de la Primera División de Argentina se desempeñaron como jugadores de Estudiantes: Manuel Pelegrina (1938-1952 y 1954-1956), Ricardo Infante (1942-1952 y 1957-1960), Martín Palermo (1992-1997) y Hugo Gottardi (1976-1983 y 1986-1987).
• Es el único equipo de la ciudad de La Plata en haber obtenido títulos oficiales nacionales e internacionales, de carácter regular, en la era profesional.
• Es el club que tuvo al primer goleador del fútbol argentino: Alberto Zozaya, máximo artillero del Campeonato de Primera División de 1931, el primero de la era profesional.
• Es el equipo que rompió la hegemonía de títulos de los denominados cinco grandes, al consagrarse campeón del fútbol argentino en el Campeonato Metropolitano 1967.
• Es el único equipo del fútbol argentino en consagrarse subcampeón invicto en el profesionalismo, al obtener el segundo puesto, sin derrotas, en el Campeonato Nacional 1967. Fue el primer club en finalizar un torneo sin caídas en la era profesional.
• Primer club en lograr tres veces consecutivas la Copa Libertadores, entre 1968 y 1970. Es junto a Independiente uno de los dos equipos argentinos en conservar la posesión definitiva del trofeo original en sus vitrinas.
• Primer club en disputar cuatro finales consecutivas de la Copa Libertadores, entre 1968 y 1971.
• Primer equipo en disputar tres finales consecutivas de la Copa Intercontinental (precursora del Mundial de Clubes, que se realiza desde 2005), entre 1968 y 1970.
• Es el único club de América en consagrarse campeón en Inglaterra, al derrotar al Manchester United en la final de la Copa Intercontinental 1968.
• Es uno de los seis únicos clubes del fútbol argentino en haber logrado la Copa Intercontinental; y el sexto a nivel mundial, sumando las definiciones del Mundial de Clubes de la FIFA, que más finales disputó de esta competencia.
• Carlos Bossio, jugador de Estudiantes entre 1994 y 1999, se convirtió en el primer arquero del fútbol argentino en convertir un gol de jugada. Fue de cabeza, el 12 de mayo de 1996, ante Racing Club en el Cilindro de Avellaneda, por el Torneo Clausura de ese año. El partido terminó igualado 1-1.
• En 2006, bajo la conducción técnica de Diego Pablo Simeone, logró la máxima goleada en la historia del clásico de la ciudad de La Plata al ganarle a Gimnasia por 7-0, siendo el resultado de mayor diferencia entre ambos equipos.
• Es el primer equipo en ganar una final de «torneos cortos», campeonatos de una rueda que se disputan en Argentina desde 1991. Fue el 13 de diciembre de 2006, cuando derrotó a Boca Juniors por 2-1 en el partido definitorio del Torneo Apertura de ese año.
• En 2008 y 2009 se consagró como el octavo mejor equipo del fútbol mundial, según la clasificación de clubes elaborada por la IFFHS, logrando la tercera mejor ubicación anual de un club argentino desde la creación de ésta en 1991; aunque su mejor posición en esta clasificación la alcanzó en abril y mayo de 2010, luego de ser designado como el segundo mejor equipo del mundo tras el F. C. Barcelona.
• Tras la obtención de la Copa Libertadores 2009, se ubica como el cuarto equipo del fútbol sudamericano más ganador de esta competición, luego de Independiente, Boca Juniors y Peñarol de Uruguay, siendo el primer club del continente en lograrla sin recibir goles en condición de local. Se convirtió además en el segundo equipo del fútbol argentino en disputar la Copa Mundial de Clubes, competencia en la que accedió a la final y perdió ante el F. C. Barcelona, en tiempo suplementario, tras igualar 1-1 en los 90 minutos reglamentarios.
• Estudiantes lleva 65 años sin quedar en desventaja en el historial del clásico platense; la última vez fue en 1945, cuando derrotó a Gimnasia (4-2) en la primera rueda del campeonato de aquel año.
Fuente: Wikipedia
• Es uno de los siete únicos equipos del fútbol argentino en haber ganado la Copa Libertadores de América y el tercero que más veces la obtuvo después de Independiente y Boca Juniors.
• Es el cuarto club del fútbol argentino que más finales de torneos internacionales disputó (12), siendo superado por Boca Juniors, Independiente y River Plate.
• Es el séptimo club argentino en superar la barrera de los 1.000 triunfos en la historia de la Primera División del fútbol argentino. Además de Estudiantes, sólo Vélez Sarsfield y los llamados cinco grandes pudieron alcanzar esta marca hasta el momento.
• Es el club de los no denominados cinco grandes con mayor permanencia en la Primera División, la máxima categoría del fútbol argentino. Ocupa el quinto puesto de presencias, superando a Racing Club.
• Es uno de los dos únicos equipos del fútbol argentino, el otro es Huracán, en haber contado en su plantel con un entrenador que se consagró campeón de Primera División en el club y en una Copa del Mundo con la Selección Argentina: Carlos Bilardo, campeón como director técnico, con Estudiantes, en el Metropolitano 1982; y con el Seleccionado nacional, en México 1986.
• Cuatro de los quince máximos goleadores de la historia de la Primera División de Argentina se desempeñaron como jugadores de Estudiantes: Manuel Pelegrina (1938-1952 y 1954-1956), Ricardo Infante (1942-1952 y 1957-1960), Martín Palermo (1992-1997) y Hugo Gottardi (1976-1983 y 1986-1987).
• Es el único equipo de la ciudad de La Plata en haber obtenido títulos oficiales nacionales e internacionales, de carácter regular, en la era profesional.
• Es el club que tuvo al primer goleador del fútbol argentino: Alberto Zozaya, máximo artillero del Campeonato de Primera División de 1931, el primero de la era profesional.
• Es el equipo que rompió la hegemonía de títulos de los denominados cinco grandes, al consagrarse campeón del fútbol argentino en el Campeonato Metropolitano 1967.
• Es el único equipo del fútbol argentino en consagrarse subcampeón invicto en el profesionalismo, al obtener el segundo puesto, sin derrotas, en el Campeonato Nacional 1967. Fue el primer club en finalizar un torneo sin caídas en la era profesional.
• Primer club en lograr tres veces consecutivas la Copa Libertadores, entre 1968 y 1970. Es junto a Independiente uno de los dos equipos argentinos en conservar la posesión definitiva del trofeo original en sus vitrinas.
• Primer club en disputar cuatro finales consecutivas de la Copa Libertadores, entre 1968 y 1971.
• Primer equipo en disputar tres finales consecutivas de la Copa Intercontinental (precursora del Mundial de Clubes, que se realiza desde 2005), entre 1968 y 1970.
• Es el único club de América en consagrarse campeón en Inglaterra, al derrotar al Manchester United en la final de la Copa Intercontinental 1968.
• Es uno de los seis únicos clubes del fútbol argentino en haber logrado la Copa Intercontinental; y el sexto a nivel mundial, sumando las definiciones del Mundial de Clubes de la FIFA, que más finales disputó de esta competencia.
• Carlos Bossio, jugador de Estudiantes entre 1994 y 1999, se convirtió en el primer arquero del fútbol argentino en convertir un gol de jugada. Fue de cabeza, el 12 de mayo de 1996, ante Racing Club en el Cilindro de Avellaneda, por el Torneo Clausura de ese año. El partido terminó igualado 1-1.
• En 2006, bajo la conducción técnica de Diego Pablo Simeone, logró la máxima goleada en la historia del clásico de la ciudad de La Plata al ganarle a Gimnasia por 7-0, siendo el resultado de mayor diferencia entre ambos equipos.
• Es el primer equipo en ganar una final de «torneos cortos», campeonatos de una rueda que se disputan en Argentina desde 1991. Fue el 13 de diciembre de 2006, cuando derrotó a Boca Juniors por 2-1 en el partido definitorio del Torneo Apertura de ese año.
• En 2008 y 2009 se consagró como el octavo mejor equipo del fútbol mundial, según la clasificación de clubes elaborada por la IFFHS, logrando la tercera mejor ubicación anual de un club argentino desde la creación de ésta en 1991; aunque su mejor posición en esta clasificación la alcanzó en abril y mayo de 2010, luego de ser designado como el segundo mejor equipo del mundo tras el F. C. Barcelona.
• Tras la obtención de la Copa Libertadores 2009, se ubica como el cuarto equipo del fútbol sudamericano más ganador de esta competición, luego de Independiente, Boca Juniors y Peñarol de Uruguay, siendo el primer club del continente en lograrla sin recibir goles en condición de local. Se convirtió además en el segundo equipo del fútbol argentino en disputar la Copa Mundial de Clubes, competencia en la que accedió a la final y perdió ante el F. C. Barcelona, en tiempo suplementario, tras igualar 1-1 en los 90 minutos reglamentarios.
• Estudiantes lleva 65 años sin quedar en desventaja en el historial del clásico platense; la última vez fue en 1945, cuando derrotó a Gimnasia (4-2) en la primera rueda del campeonato de aquel año.
Fuente: Wikipedia
Datos futbolísticos del club
Estadísticas de la era profesional del fútbol argentino (1931-2010)
• Temporadas en Primera División: 79
• Temporadas en Segunda División: 2
• Mejor ubicación en Primera División: 1.º (Metropolitano 1967, Metropolitano 1982, Nacional 1983 y Apertura 2006)
• Peor ubicación en Primera División: 20.º (entre 20, en el Torneo Apertura 1993)
• Ubicación en la tabla histórica de Primera División: 7.º (tras los denominados cinco grandes y Vélez Sarsfield)
• Máxima cantidad de victorias consecutivas en Primera División: 10 (Metropolitano/Nacional 1967 y Apertura 2006), la tercera más importante del fútbol argentino.
• Jugador con más goles anotados: Manuel Pelegrina, con 221 goles en 461 partidos.
• Jugador con más partidos disputados: Abel Ernesto Herrera, con 467 cotejos jugados entre 1972 y 1988.
• Mayor goleada a favor en Primera División: 9-1 a Lanús, el 7 de abril de 1935.
• Mayor goleada a favor en Segunda División: 8-1 a Nueva Chicago, el 18 de diciembre de 1954
• Mayor goleada en contra en Primera División: 1-8 con River Plate (11 de mayo de 1938), con Independiente (23 de junio de 1940) y con San Lorenzo (25 de septiembre de 1960).
• Mayor goleada en contra en Segunda División: 0-5 con Central Córdoba (Rosario), el 31 de julio de 1954.
Estadísticas de la era profesional en torneos internacionales (1967-2010)
• Participaciones en copas internacionales: 32
• Ediciones disputadas de la Copa Mundial de Clubes: 1 (2009)
• Ediciones disputadas de la Copa Intercontinental: 3 (1968, 1969 y 1970)
• Ediciones disputadas de la Copa Libertadores: 11 (1968, 1969, 1970, 1971, 1976, 1983, 1984, 2006, 2008, 2009 y 2010)
• Ediciones disputadas de la Copa Sudamericana: 4 (2005, 2007, 2008 y 2010)
• Ediciones disputadas de la Supercopa Sudamericana: 10 (de 1988 a 1997)
• Ediciones disputadas de la Recopa Sudamericana: 1 (2010)
• Ediciones disputadas de la Copa Interamericana: 1 (1969)
• Ediciones disputadas de la Supercopa de Campeones Intercontinentales: 1 (1969)
• Mejor ubicación en torneos internacionales: 1.º
• Peor ubicación en torneos internacionales: eliminado en la primera ronda.
• Máxima cantidad de victorias consecutivas en torneos internacionales: 7 (entre la Copa Libertadores de 1969 y 1970)
• Mayor goleada a favor: 5-1 a Juan Aurich de Perú, en la Copa Libertadores 2010.
• Mayor goleada en contra: 0-4 con Nacional de Uruguay, en la Supercopa Sudamericana 1995.
• Mayor remontada a favor en torneos internacionales: 4-3 al Sporting Cristal de Perú, en la Copa Libertadores 2006. Estudiantes perdía 0-3 al término del primer tiempo y revirtió el resultado en el complemento.
Fuente: Wikipedia
• Temporadas en Primera División: 79
• Temporadas en Segunda División: 2
• Mejor ubicación en Primera División: 1.º (Metropolitano 1967, Metropolitano 1982, Nacional 1983 y Apertura 2006)
• Peor ubicación en Primera División: 20.º (entre 20, en el Torneo Apertura 1993)
• Ubicación en la tabla histórica de Primera División: 7.º (tras los denominados cinco grandes y Vélez Sarsfield)
• Máxima cantidad de victorias consecutivas en Primera División: 10 (Metropolitano/Nacional 1967 y Apertura 2006), la tercera más importante del fútbol argentino.
• Jugador con más goles anotados: Manuel Pelegrina, con 221 goles en 461 partidos.
• Jugador con más partidos disputados: Abel Ernesto Herrera, con 467 cotejos jugados entre 1972 y 1988.
• Mayor goleada a favor en Primera División: 9-1 a Lanús, el 7 de abril de 1935.
• Mayor goleada a favor en Segunda División: 8-1 a Nueva Chicago, el 18 de diciembre de 1954
• Mayor goleada en contra en Primera División: 1-8 con River Plate (11 de mayo de 1938), con Independiente (23 de junio de 1940) y con San Lorenzo (25 de septiembre de 1960).
• Mayor goleada en contra en Segunda División: 0-5 con Central Córdoba (Rosario), el 31 de julio de 1954.
Estadísticas de la era profesional en torneos internacionales (1967-2010)
• Participaciones en copas internacionales: 32
• Ediciones disputadas de la Copa Mundial de Clubes: 1 (2009)
• Ediciones disputadas de la Copa Intercontinental: 3 (1968, 1969 y 1970)
• Ediciones disputadas de la Copa Libertadores: 11 (1968, 1969, 1970, 1971, 1976, 1983, 1984, 2006, 2008, 2009 y 2010)
• Ediciones disputadas de la Copa Sudamericana: 4 (2005, 2007, 2008 y 2010)
• Ediciones disputadas de la Supercopa Sudamericana: 10 (de 1988 a 1997)
• Ediciones disputadas de la Recopa Sudamericana: 1 (2010)
• Ediciones disputadas de la Copa Interamericana: 1 (1969)
• Ediciones disputadas de la Supercopa de Campeones Intercontinentales: 1 (1969)
• Mejor ubicación en torneos internacionales: 1.º
• Peor ubicación en torneos internacionales: eliminado en la primera ronda.
• Máxima cantidad de victorias consecutivas en torneos internacionales: 7 (entre la Copa Libertadores de 1969 y 1970)
• Mayor goleada a favor: 5-1 a Juan Aurich de Perú, en la Copa Libertadores 2010.
• Mayor goleada en contra: 0-4 con Nacional de Uruguay, en la Supercopa Sudamericana 1995.
• Mayor remontada a favor en torneos internacionales: 4-3 al Sporting Cristal de Perú, en la Copa Libertadores 2006. Estudiantes perdía 0-3 al término del primer tiempo y revirtió el resultado en el complemento.
Fuente: Wikipedia
lunes, 6 de septiembre de 2010
Los años setenta y el bicampeonato 1982/83
Una formación del equipo campeón del Torneo Metropolitano 1982
Estudiantes, con camiseta alternativa, la noche de la consagración en el Nacional 1983
La nota trascendente al comienzo de la década de 1970 fue la nueva función de Carlos Salvador Bilardo, que fue nombrado director técnico en 1971 y logró evitar un posible descenso de categoría al asumir la conducción del equipo en las jornadas finales del Metropolitano de ese año. Luego volvió a ocupar el mismo cargo en 1973 y en 1975, cuando alcanzó el subcampeonato en el Torneo Nacional, ubicándose un punto por detrás del campeón River Plate en el octogonal final.
El segundo puesto en ese torneo le permitió disputar un partido de desempate clasificatorio para la Copa Libertadores de 1976 ante Huracán, subcampeón del Metropolitano 1975. El cotejo se jugó en el Estadio Juan Domingo Perón de Racing Club, en enero de 1976, y, tras vencer por 3-2, Estudiantes obtuvo la clasificación al máximo torneo continental por quinta vez en su historia.
El desempeño en la Copa Libertadores de 1976 se saldó con cuatro triunfos en seis partidos. Pero como el equipo terminó segundo del Grupo 1 no pudo acceder a la instancia final, a la que se clasificaban sólo los primeros de cada una de las cinco zonas.Estudiantes mantuvo la base del equipo (sólo se fue Juan Ramón Verón, transferido al Junior de Barranquilla) y volvió a tener participaciones destacadas en los campeonatos de Primera División de 1976 y 1977. En el Metropolitano de 1976 finalizó en la tercera posición, a cinco puntos de Boca Juniors, el campeón; y en el Nacional de ese mismo año, con tres derrotas en 16 partidos jugados, por la Zona B del torneo, estuvo a un punto de acceder a la ronda final del certamen.
Carlos Bilardo, campeón como jugador y entrenador.En el Nacional de 1977 volvió a luchar por el título luego de ganar su grupo de primera fase con una marca de 10 victorias en 14 partidos; aunque en semifinales fue eliminado por el equipo que luego se consagraría campeón, Independiente, al empatar el primer partido disputado en La Plata (1-1) y perder el segundo, en Avellaneda, por 3-1.Dos años después, en el Metropolitano de 1979, recién perdió la chance de acceder al cuadrangular final por el título en la penúltima fecha, tras ser derrotado en el partido decisivo, de local y por 3-1, nuevamente ante Independiente. Pese a ello, a lo largo del torneo obtuvo resonantes victorias, como la conseguida en la 4.ª fecha, como local, ante Boca Juniors, al que derrotó por 6-4 con tres goles de Sergio Elio Fortunato (máximo artillero de ese campeonato junto a Diego Armando Maradona), dos de Hugo Gottardi y uno de Patricio Hernández.
Hacia el final de esa década se destacaban jugadores como Carlos López, Alfredo Letanú (goleador del Nacional de 1977), Abel Ernesto Herrera (el que más partidos jugó en Primera División con la camiseta de Estudiantes), el guardameta Oscar Pezzano y los nombrados Fortunato y Gottardi, quien convertiría 125 goles en 310 partidos con la camiseta del «Pincha», siendo el cuarto goleador histórico del club, detrás de Manuel Pelegrina, Ricardo Infante y Alberto Zozaya.Unos años después, ya en 1981, Patricio Hernández, un buen valor futbolístico surgido de las divisiones juveniles durante la década anterior, fue transferido al Torino de Italia en una cifra récord para el club, lo que permitió armar un valioso plantel para el año 1982. Ese año, con el retorno de Carlos Bilardo como director técnico, se conformó un equipo muy equilibrado con jugadores como Miguel Ángel Russo, José Luis Brown, Alejandro Sabella, José Daniel Ponce, Marcelo Trobbiani y Hugo Gottardi (algunos de ellos, campeones del mundo en México 1986) que pondrían al club, nuevamente, en el escalón más alto del fútbol argentino.
Con ese plantel, Estudiantes llegó a las semifinales del Campeonato Nacional de 1982, donde fue eliminado por Quilmes en partidos de ida y vuelta; y al siguiente torneo, con 21 triunfos, 12 empates y 3 derrotas, se consagró campeón del Metropolitano de 1982, el 14 de febrero de 1983, tras derrotar en la última jornada por 2-0 a Talleres en Córdoba, hecho que catapultó el arribo de Carlos Bilardo a la Selección nacional que obtendría la Copa del Mundo en 1986.Estudiantes, con camiseta alternativa, la noche de la consagración en el Nacional 1983.Al año siguiente, ya con Bilardo a cargo del seleccionado, otro exintegrante del plantel campeón de América y del Mundo, Eduardo Luján Manera, asumió como entrenador de Estudiantes y consiguió el tercer título a nivel local para el club, al consagrarse campeón del Nacional de 1983. La final la disputó ante Independiente, en dos partidos: el primero, en el estadio de Estudiantes, el 4 de junio, terminó 2-0 para el local con goles de Hugo Gottardi y Guillermo Trama; el segundo, jugado en la Doble Visera de Avellaneda el 10 de junio, fue victoria de Independiente, 2-1, con goles de Ricardo Giusti y Enzo Trossero, y de Trama para Estudiantes, que obtuvo el título y el bicampeonato 82-83 por diferencia de goles.
Ese mismo año, como ganador de uno de los dos torneos oficiales de 1982, volvió a participar de la Copa Libertadores de América por sexta vez en su historia, llegando hasta la instancia semifinal. Allí enfrentó a Gremio de Porto Alegre (Brasil) en uno de los partidos más recordados de la historia del club. El encuentro se disputó el 8 de julio de 1983, en el Estadio Jorge Luis Hirschi, y Estudiantes logró revertir una desventaja de 1-3 jugando con cuatro futbolistas menos por las expulsiones de Ponce, Trobbiani, Julián Camino y Hugo Tévez, igualando 3-3 con un gol de Miguel Ángel Russo sobre el final del encuentro. El empate no le alcanzó para llegar a la instancia final, que fue ganada por el equipo brasileño, ya que después Estudiantes también igualó ante el América de Cali en Colombia, 0-0, finalizando segundo en su grupo de semifinales.
Fuente: Wikipedia
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