miércoles, 10 de noviembre de 2010

Verón padre e hijo

La llegada de Juan Sebastián Verón, en los primeros de 2006, significó para Estudiantes
mucho más que la incorporación de un crack: es también la reafirmación de una
tradición, la del apellido Verón. Para muchos, Juan Ramón es el del jugador más
importante de la historia del Club. Y no sólo fue la estrella de un equipo que marcó un
antes y un después en el fútbol argentino sino que dejó a un sucesor de una jerarquía
indiscutida a nivel mundial.
Aunque parezca una perogrullada, vale recordarlo: si la Bruja no hubiese existido, la
Brujita tampoco; si el padre no le hubiese transmitido el sentimiento por los colores, el
hijo no habría enmudecido a los clubes grandes, cuyo corsé de soberbia les impide
comprender más allá de la billetera; si el mayor no hubiese escrito tantas páginas, el
pibe nunca habría querido revalidarlas y dejar el apellido bien en alto.
“Tarde de Brujas y Fantasmas” tituló El Gráfico a la crónica de un partido inolvidable
que habían protagonizado Estudiantes y Gimnasia, que terminó 3 a 3 pero que fue una
demostración de lujoso fútbol de Verón y Miguel Angel Benito. Quien escribió aquellos
elogios no sabía que Juan Ramón, mientras dibujaba por la izquierda, estaba siendo
padre de un crack que llevaba, indudablemente, su don en los genes. Ese mismo 9 de
marzo de 1975 Juan Sebastián llegaba para asegurar una sucesión en el trono, para
mantener la vigencia de un apellido...
El chico creció con Estudiantes. A los pocos años se hizo fanático de la pelota y quiso
ser parte...
--Juan Ramón: Sebastián venía comingo hasta a las concentraciones; vivía acá, en los
entrenamientos o cuando yo dirigía en Inferiores. Era un enfermo del fútbol, y le
gustaba tanto que mientras yo entrenaba a las Inferiores, él se pasaba horas pateando en
un frontón que había en el estadio. Y tan insoportable estaba con que quería jugar, que
lo metí dos años antes a una división, a la 73.
--Juan Sebastián: El primer recuerdo es del año 83: el equipo festejaba el campeonato en
un amistoso contra Temperley, y yo era uno de los chicos que formaban esa pasarela.
Papá trabajaba en Inferiores y pude meterme ahí. Yo llegué a los cinco al club, y es
cierto que le hinchaba a papá para jugar.
--¿Lo dirigiste?
--JR: Sí, lo dirigí en Octava y Quinta. Siempre jugó en el medio, al principio era más
ocho.
--¿Y vos pudiste verlo jugar?
--JS: Al final. Me acuerdo un Estudiantes-Boca en nuestra cancha. Hizo un gol de penal
Diego, al que después echaron.
--¿Creés que con la llegada de Sebastián se mantiene vigente el apellido?
--JR: Lo importante es que él pudo volver y tiene la posibilidad de darse el gusto de
jugar en el club del que es hincha. Fijate que casi no jugó en Primera acá. La
coincidencia es que yo pude estar en Estudiantes mucho tiempo y él ahora podrá
hacerlo. Y espero que siga con el hermano, con Iani.
--JS: Con el paso del tiempo me fui dando cuenta de la importancia del apellido...
aportado por él. No me daba cuenta de lo que significaba para la gente; sí lo vivía en
casa, con los comentarios y los recortes que hacía mi vieja. Pero en algún momento te
das cuenta. Por ejemplo, cuando llegué a Manchester, al primer lugar que me llevaron
fue al museo del club, y lo primero que vi fue un banderín con la cara de mi viejo
estampada en él. Ahí te cae la ficha.
--JR: Yo tuve la suerte de integrar uno de los mejores equipos del club. Si hubiese
llegado en otro momento, las cosas no se habrían dado de esa manera; se juntaron un
gran presidente como Mangano y un gran técnico como Zubeldía, además de una gran
camada de jugadores. En el fútbol te toca o no, y a mí me tocó.
La Bruja dice que el contexto lo hizo grande. Con esa línea de pensamiento, entonces, la
Brujita es grande fuera de todo contexto, y la razón por la que volvió fue para escribir su
propia historia.
--JS: Mi sueño es repetir lo que hizo mi viejo, pero eso está muy por encima de lo que
pretendo conscientemente.
--JR: Su carrera está hecha. Son muy pocos los jugadores que han hecho una carrera de
este tipo. Superó todos los pronósticos; cuando empezó, decían que jugaba porque era
mi hijo, pero después fueron dándose cuenta de que había algo más. Hizo una carrera
extraordinaria. Lo que está haciendo hoy, de estar acá, es la frutilla del postre.
--JS: Mi anhelo es jugar por mucho tiempo con la camiseta de Estudiantes, todo el
tiempo que pueda. Esa es mi cuenta pendiente, expresar así lo que siento por la
camiseta, por la gente, por mi infancia y mi adolescencia.
--¿Le queda bien la 11?
--JR: Hizo méritos para usarla.
--JS: El ídolo y todo lo que significan el apellido Verón y la camiseta 11 se lo debemos
a él. Yo trataré de hacer algo para mantenerlo y para que haya una continuación. Espero
no defraudarlo.
Esta nota fue publicada por Animals! en la edición de julio de 2006. Sin dudas, no lo
defraudó.

Fuente: Revista Animals!

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